
Hace un par de semanas abrió este nuevo restaurante que viene a poner un acento bonaerense a la ya abultada oferta de cocina italiana del barrio Nueva Costanera.
Fotografías © Chiuso Santiago
La gastronomía no está exenta de las modas, ya sea en relación con los productos o con los tipos de restaurantes. Los asiduos al barrio Alonso de Córdova y Nueva Costanera conocen bien este fenómeno; hace una década fue el turno de los steak houses de lujo, con marcas como Rubaiyat, La Cabrera y Carnal, y hace algunos años pasó lo mismo con los italianos, cuando en un par de meses abrieron sus puertas La Bottega Gandolini, Capogrossi, Cosenza y la extinta Osteria Maiori.

Esta competencia no parece alterar a uno de los nuevos vecinos del barrio: el restaurante Chiuso. Este concepto, que nació hace 15 años en el barrio Retiro de Buenos Aires, decidió cruzar la cordillera para abrir sus puertas hace menos de un mes, justo en el espacio donde durante años estuvo la sucursal oriente del restaurante Japón.
En esta primera etapa, Chiuso ha apostado por una selección de platos acotada y de gran sabor, enfocada principalmente en los grandes éxitos de la cocina ítalo-porteña. Su propuesta incluye pequeños giros que aportan un sello propio, algo que se percibe claramente en su Carpaccio de vacuno: finas láminas de lomo liso servidas con un huevo mollet de clara firme y yema cremosa, alcaparras fritas y trozos de queso parmesano (que se disfrutarían mejor si vinieran en lascas).

Las berenjenas, tan despreciadas por el paladar nacional, acá muestran un buen nivel gracias a la Parmigiana di Melanzane, con rodajas de esta verdura cocinadas con salsa de tomates y queso parmesano, una sabrosa entrada vegetariana.
De sus fondos, probamos el Spaghetti agli Scampi, pasta servida con abundante mantequilla y generosos camarones, donde el perejil que la acompaña ayuda a hacer una fresca pausa. Un plato que muestra que en esta cocina la simpleza es una de sus mayores fortalezas.
También pedimos sus Ravioles de Roast Beef con mantequilla a la salvia, una intensa receta con una pasta rellena de carne braseada muy sabrosa, pero que poco tiene que ver con la receta de carne sellada y centro rojo que imaginamos. Un problema que es más de nombre que de sabor.

El último fondo fue uno de los emblemas de esta cocina: el Ossobuco alla Milanese, corte de carne cocinada por horas, con una intensa salsa demi glace y una textura que hace que no sea necesario usar cuchillo. Esta rica carne vino acompañada con un risotto al azafrán de buen sabor, pero con el arroz algo pasado de punto para los estándares tradicionales, aunque de seguro el comensal local lo agradecerá.
Terminamos la visita con el que sin duda es el postre italiano más popular por estos lares: el tiramisú. En Chiuso llega a la mesa con un sabor impecable y una textura perfecta, aireada y suave.

Su carta de vinos está en proceso y por el momento está dominada por etiquetas clásicas. Aun así, ofrece algunas joyas por copa como el espumante Montes Lúmina y VIK A, o en botella como Grus de Viñedos de Alcohuaz y Paul Bruno.
Resulta interesante la propuesta de este espacio que busca posicionarse en uno de los polos gastronómicos más competitivos de Santiago. Sus argumentos son conocidos pero efectivos: una cocina sabrosa, sin pretensiones y con precios bastante atractivos para el sector.
CHIUSO
Av. Nueva Costanera 3835, Vitacura.
@chiuso_ristorante
