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Piegari: cuando menos es más

Piegari
Foto: © Juan Jaeger

El restaurante Ítalo-argentino que desde hace años funciona en Avenida Costanera sigue mostrando una sólida propuesta que, sin pretensiones, no tranza en la calidad de los ingredientes y la autenticidad de sus recetas. 

Poco se habla de este restaurante que ya lleva cinco años emplazado en Nueva Costanera, ese polo gastronómico de Vitacura que se caracteriza por contar con el ticket más alto de la capital, y donde de vez en cuando revisitamos eternos hits – de los que también se habla poco pero se come muy bien – como La Mar, Rubaiyat y El Bodegón de La Vinoteca.

Pero no ser el restaurante de moda no tiene por qué ser sinónimo de un lugar decaído o al que pocos visitan. Al contrario, Piegari sigue firme con una clientela fiel que llena sus mesas y que disfruta de una gastronomía que ha sabido mantener su calidad a lo largo de los años. Un sello que sumado a un servicio holgado y atento a los detalles, lo posicionan como una especie de clásico del sector.

Piegari
Foto: © Juan Jaeger

Con raíces en Buenos Aires, la embajada chilena de Piegari ha querido desde sus inicios darle una vuelta a ciertas recetas, pero sin perder el sello que lo caracteriza. “Mantenemos los platos, mantenemos los sabores, mantenemos la esencia de Piegari que es lo más importante, un restaurante ítalo-argentino” nos explica Ángel Márquez, chef que hace pocos meses tomó las riendas de este lugar que se da el lujo de innovar en parte de su carta.

Nuestra visita, un día viernes al almuerzo con terraza llena, parte con un par de cócteles que forman parte de una carta diversa en materias primas, incluyendo algunos spritz que mezclan, por ejemplo, Livenza, Ramazzotti, Martini Bianco, Prosecco y San Pellegrino Melograno, italianísimo cóctel que se queda corto en la esperada amplitud de matices, pero que cumple en su función de refrescar y abrir el apetito.

Piegari
Fotos: © Juan Jaeger

La carta de vinos contiene etiquetas clásicas nacionales, algunos de ellos también por copa. Se suma una acotada oferta de vinos del mundo, con representantes argentinos, franceses (solo champagne) e italianos, en estos últimos destacando proseccos y lambruscos.

Ya en los entrantes y por el lado frio, el Carpaccio de Res muestra fineza y ricos contrapuntos, montado con escamas de grana padano y parmesano, alcaparras, encurtidos y una limoneta a las finas hierbas más untuosa de lo necesario.

Piegari
Foto: © WhereLunch

Por el lado caliente y siguiendo con los entrantes, el Malfatti es un plato sencillo y sabroso con grandes albóndigas de espinaca y ricota servidas en un sartén gratinado de queso mozzarella y una base de abundante pomodoro que invita a cucharear.

De sus pastas, las Cuerdas de Guitarra son un clásico de la casa que cuenta con varias versiones en carta. De ellas, la Carrieteri, contundente y sabrosísima, viene con tomates cherry, aceitunas negras y pomodoro con toques a pimienta y ajo. Otra vez la simpleza hecha gozo.

Piegari
Foto: © Juan Jaeger

Siguiendo con sus pastas artesanales – todas hechas en casa -, el Gnocchi a la Cirocco es un fabuloso ejemplo de cómo con pocos ingredientes se puede lograr un inmenso resultado en sabores, aquí con una crema a base de espinacas, ricota y parmesano. Memorable.

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Foto: © Juan Jaeger

Una y otra vez gestos de sencillez que tienen quizás, en sus Sorrentinos de Osobuco braseado, uno de sus platos más pedidos, su cumbre. Y es que sus bocados, pequeños pero suficientes para llenar el paladar de suaves y rotundos sabores – ahí están esos inconfundibles toques cítricos y la reducción de la carne a su máxima expresión -, marcan el estilo de esta cocina sin pretensiones.

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Foto: © Juan Jaeger

El Risotto al Fungui, hecho sin crema y preparado con hongos portobello, parís y callampas deshidratadas es simplemente soberbio. Con un punto perfecto y una profundidad de sabores que no encontrábamos hace mucho en otros platos de su tipo, está sin duda entre los mejores risottos de la capital.

Piegari
Foto: © Juan Jaeger

Para el final, un postre como su notable Volcán de Chocolate, sin más pirotecnias que su centro líquido y un bizcocho de textura esponjosa que llega a la temperatura correcta (lo que en otros lados es todo un desafío), remata la experiencia en este lugar que no parece bajar la guardia.

Piegari
Av. Nueva Costanera 4092, Vitacura.
@piegari.ristorante

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