
¿Qué debe tener un bar de vinos que se precie? Diversidad en etiquetas, buenos precios y una gastronomía que acompañe. Eso y algo más tiene la contundente propuesta de este nuevo bar de vinos que abrió en Vitacura.
Son muy pocos, pero siguen apareciendo más y mejores bares de vino en el mapa gastronómico capitalino. Un fenómeno que desde la apertura de Bocanáriz – allá por el 2012 – se ha extendido lentamente con propuestas a las que se va a descubrir nuevos estilos, variedades y denominaciones desde la copa.
En momentos en que la industria vive un auge de nuevos proyectos y más winemakers, Masal aparece en escena como un bar que promueve una forma más democrática de beber vino, dándole al público la oportunidad de acceder a etiquetas que de otra forma seria difícil – o casi imposible – hacerlo.

Todo ocurre en uno de los salones del restaurant La Mesa en Vitacura – algo que ya debiese dar pistas de aquí no solo se va por una propuesta de gran calidad, sino también a precios razonables -, cuyo ambiente sobrio y relajado invita a descubrir sin prisa, pero sin pausa, vinos de aquí y de allá.
La carta concentra alrededor de 130 etiquetas, 55 de ellas disponibles por copa. En cuanto a las referencias nacionales, “la idea es poder mostrar un Chile de norte a sur, partiendo por Huasco y terminando en Osorno, con pequeños, medianos y hasta grandes productores” nos cuenta Sebastián Lobos, sommelier en jefe de Masal, quien se formó en Argentina y cuyo periplo por el mundo lo ha llevado hasta capitales del vino como Bordeaux.

«Siempre sucede que el consumidor chileno dice «el vino chileno es el mejor del mundo” y nosotros nos hicimos la pregunta ¿Cómo podemos decir que el vino chileno es el mejor del mundo si no hemos probado lo que hace el viejo mundo?, entonces ese es uno de los desafíos, poder probar por ejemplo un Chardonnay de Limarí y compararlo con uno de la Borgoña.»
Sebastián Lobos, sommelier en jefe de Masal.
Entre las referencias nacionales, vinos blancos, tintos, rosados y naranjos, varios de ellos criados con la paciencia de un artesano como es el caso del Leonera Moscatel de Alejandría, un blanco complejo y seco, “nuestro vino de la casa” señala Lobos, quien agrega “es un vino que enológicamente hablando no sigue las reglas básicas de cómo se hace un Moscatel de Alejandría, entonces el consumidor, al probarlo, suele sorprenderse mucho, aparte que viene de una región que tiene mucha historia en nuestro país como es Itata”

Y es que en Masal buscan animar al público a dejarse llevar, a explorar, a viajar, y sobre todo, a educarlos en el fascinante mundo del vino mostrando productores que interpretan el terroir de la mejor manera tal como lo hace JP Martín en Huasco o Trapi del Bueno con sus vinos en Osorno. Otros, como Garage Wine Co., tienen aquí joyitas como su Cru Truquilemu Carignan, “un vino que sale de una pequeña parcela de donde ellos producen Vigno, pero esta uva va destinada específicamente para esta etiqueta que es su top de línea en Carignan y que ha sido elegido como uno de los mejores de Chile por Robert Parker” señala Lobos.
A la cuidada selección de etiquetas chilenas, se suman vinos de Francia e Italia, un trabajo que Lobos realizó en conjunto con Marco De Martino (uno de los socios del proyecto) y donde se enfocaron principalmente en Borgoña y Piemonte, aunque hay más regiones como Champagne, Loire y Toscana, a las que con el tiempo se irán sumando otras. “No queremos quedarnos estáticos, las tendencias cambian, pero si queremos mantener una base sólida con estas regiones” explica Lobos.

Gran ejemplo de ese trabajo de joyería es Milly-Lamartine de la bodega Les Héritiers du Comte Lafon – productor que se dedica a hacer Chardonnay en apelaciones importantes como Meursault, pero que hoy en día está trabajando con otras no tan famosas como lo es Mâconnais -, un vino que Lobos, confiesa, es uno de sus favoritos “combina lo mejor de los 2 mundos (Chablis y la Côte de Beaune) ya que tiene una nota mineral y filosa de un Chablis, pero al mismo tiempo tiene una sedosidad en boca que lo hace un vino muy interesante”.
Varios son los vinos imperdibles que aquí tienen la oportunidad única de probarse en copa, y ahí, para los fanáticos del Pinot Noir y la Borgoña, cuentan nada menos que con un Grand Cru, el Jean Grivot Clos de Vougeot. De otra histórica región de vinos, la Toscana, desfilan por copa otros como el Stella Di Campalto, Bunello di Montalcino, un Sangiovese a la vieja escuela.
En los platos, preparaciones elaboradas para acompañar el vino, recetas que dan la vuelta a algunos clásicos de La Mesa y otras exclusivas para el bar que entran y salen según la temporada.

Con el chef Álvaro Romero a la cabeza, Masal se nutre de la cocina de La Mesa con una pequeña pero funcional carta que acompaña la oferta de vinos. Platillos de temporada, algo de finger food y tapas en esa ecuación de sabores y texturas sin pirotecnias a las cuales Romero nos tiene acostumbrados.
El pan, producto tantas veces subestimado en los restaurantes chilenos, tiene aquí una de las más estupendas fórmulas que hemos probado en el último tiempo. Como parte de su menú, cuentan con una selección que puede incluir un esponjoso y suave brioche de ajo con una corteza dorada que cruje al cortarlo, y un fantástico pain d’épices, clásico pan francés que se asemeja al pan de pascua, pero más húmedo, liviano y especiado, que aquí elaboran con canela, cardamomo, zeste de limón, vainilla y clavo de olor, perfecto para untarlo con quesos de pasta blanda.

Los quesos, que junto al pan y el vino forman una especie de Santa Trinidad gastronómica, tienen en Masal un papel tan protagónico como el resto de los productos. Esta primera carta incluye una buena muestra de los mejores quesos que se producen en Chile, como el queso de Oveja Vasca de Colico, además de una selección de variedades como Taleggio y Morbier de Puerto Octay, comercializados por Colectivo Fermento.

Ya en los platillos, la experiencia se amplifica con las Conchas Frías, 4 ostras servidas con una mermelada de tomate y pepinillo encurtido en casa que logran un buen contrapunto de sabores. Al otro lado, una otoñal Polenta Frita presentada en 2 barritas coronadas con peperonata y queso maduro rallado. Bocados sin artificios, de sabores reconocibles y que permiten jugar con la versatilidad de la carta de vinos.

A la comida se suman postres que por ahora salen de la carta de La Mesa, como es el caso de un suave Babá al Whisky. Lo mismo ocurre con la coctelería, la cual muestra una evolución en el trabajo que el bartender Yvan Zárate viene haciendo desde hace más de un año tras la barra, utilizando como insumos parte de las mermas que se generan en cocina para elaborar cordiales, licores y syrups. Prueba de ello es Atardecer, cóctel que ahora muestra un perfil más seco y complejo, con pisco macerado en membrillo, cordial de rica rica y Carmenere.
Masal Bar de Vinos.
Alonso de Córdova 2767, Vitacura.
@masal_bardevinos
