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Día y noche en Puerto Varas

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Cassis

El sur se pone cada vez más entretenido en materia gastronómica. Solo hace falta recorrer lugares como Pucón, Valdivia y Frutillar para darse cuenta que la emergente escena gastronómica, que más allá del verano, brilla todo el año. Puerto Varas hace mucho tiempo que corre con ventaja, y por eso nuestro editor – que nació en esta ciudad – se arrancó unos días para comprobar como siguen algunos clásicos de la ciudad y por supuesto, descubrir nuevas propuestas.

En Puerto Varas las propuestas abundan, tanto nuevas como aquellas ya consideras clásicas. Es así como un día cualquiera, se puede comenzar en el clásico Café Danés, en pleno centro de la ciudad. Y es que no se puede ir a Puerto Varas sin probar strudels y kuchenes – con versiones como frambuesa, nuez o castaña desde los $ 1.650 la porción – o sus famosos sándwiches, como el Lomo Italiano o el Barros Luco (a un precio promedio de $ 5.000). Más nuevo, el Cassis – abierto el 2011 y fundado varios años atrás en Pucón – con una gran vista al Lago Llanquihue y a pasos del antiguo muelle, es otra de las buenas opciones para el desayuno. La recomendación aquí relajarse con la vista y probar su “desayuno del campo” ($ 4.800) que sirven hasta las 11 de la mañana y que viene con café con leche, paila de huevos, mantequilla, pan amasado y palta; como también su repostería – no faltan los kuchenes y tortas – y por supuesto, sus helados.

Siguiendo por la rivera del lago y a un par de cuadras de ahí, está Almendra, un wine bar y restaurant abierto el 2015 en el cual lo primero que sorprende es su carta de vinos, con precios entre los $ 11.500 y $16.900 la botella y $ 2.500 la copa (100 cc). Su propuesta, que mezcla sabores mediterráneos y chilenos, incluye platos como Costillar ajo arriero con papas salteadas al perejil ($ 10.500) o Congrio en salsa de alcaparras y arroz cremoso de camarones ($ 9.800); además de un interesante menú de almuerzo ($ 6.400) que anuncian diariamente en sus pizarras. Fue un día lunes, en el cual probé su menú del día, el cual consistió en Pinchos de salmón al eneldo, Pollo a la mediterránea con risotto de setas y Crema Catalana. Tanto la entrada como el plato principal, resultaron bien en sabor, aun cuando hubo detalles, como el exceso de crema en la salsa de eneldo que bañaban las láminas de salmón de los pinchos, o la lámina de queso sobre el filete de pollo. Para acompañar – no incluido en el menú – pedí agua tónica 1724 y una copa de Perez Cruz Cabernent Sauvignon.

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La Gringa

Más arriba en calle Imperial – sector donde está ubicada buena parte de los hoteles de la ciudad – está La Gringa, un restaurant instalado en una hermosa y antigua casona alemana restaurada – que como otras forma parte del patrimonio cultural de la cuidad – y que funciona solo de día. En su interior, colores pasteles le dan un cierto toque provenzal, lo que llama al relajo para sumergirse en su carta o en la gran pizarra que anuncia las sugerencias del chef. Hay Agua Mawün ($ 1.600) y Andes Mountain ($ 1.900), lo que es una buena señal de aquí hay preocupación por los detalles, al igual que en sus vinos por copa. Con aires mediterráneos, su acotada carta es reflejo de una cocina que funciona muy bien y de la cual probé una generosa y contundente Crema de Zanahoria y Coco ($ 3.000). Siempre para partir, destacan también las simples pero elegantes Croquetas de Cous Cous con verduras asadas y mayonesa vegana ($ 7.900), hasta llegar a una preparación que apenas sale de la cocina, ya sabes que lo que se viene es una gran experiencia: la Hamburguesa de la Gringa ($ 6.800). Jugosa y con el punto perfecto, la hamburguesa de la casa viene con queso de la zona – anoten su nombre: Playa Venado, los mismos que hacen um exquisito dulce de leche – lechuga, pebre agridulce y aioli, todo en pan frica. Notable y poderosa mezcla de sabores, la cual gritaba la compañía de un vino. Apareció entonces un Cabernet Sauvignon de Cono Sur ($ 3.800 la copa), fresco y bastante equilibrado, solo una muestra de lo que este mismo lugar se puede encontrar en su flamante tienda de vinos, y que se luce sobre todo durante las noches, cuando el otro extremo de la casa prende sus luces para dar vida al restaurant Mercado 605.

Cuando cae la tarde – y con ella el frio -, buena idea es pasar al café El Barista, uno de los nuevos clásicos de la ciudad. No hay que adivinar que aquí sirven uno de los mejores cafés de Puerto Varas – no por nada cuenta con una Marzocco, la Ferrari de las máquinas de café -, lo que se une a una buena oferta de sándwiches y repostería. Pero no solo hay café, sino también malicia, pues cuentan con una gran barra por la que se despachan destilados como ron Zacapa 23 ($ 7.000), pisco Waqar ($ 6.000) o whisky Glenfarclas ($ 8.000). Es hora de redescubrir la noche de Puerto Varas.

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Hotel Cumbres Puerto Varas

Durante sus 6 años de vida, el restaurant Balandra del por entonces Hotel Colonos del Sur – hoy Radisson Puerto Varas – fue uno de los mejores restaurantes de la ciudad. El sucesor “natural” – pensando en gastronomía de hoteles – pasó a ser entonces el restaurant del Hotel Cumbres, comandado hasta el 2015 por el chef Claudio Úbeda, el mismo que hoy está en los fuegos del Cumbres Vitacura, lugar donde hace muy poco tuve una notable experiencia en su restaurant The Glass. Era de suponer entonces, que en el Cumbres Puerto Varas me encontraría con la herencia de la gran cocina de Úbeda. Nada más lejano de la realidad. Si lo primero que llega a la mesa es simplemente una panera con mantequilla, o cuando se pide agua, no hay oferta de aguas premium, hay que preguntarse ¿Es realmente esto un hotel 5 estrellas?.

La carta, con una acotada oferta de entradas frías y calientes, además de fondos y postres, suena de maravilla: Entrecot de cordero de Aysén en su punto con guiso de berenjenas y champiñones salteados ($ 15.000) o Mejillas de congrio al vino blanco y harina tostada ($ 6.500). Decidí partir con este último. A los pocos minutos, aparece entonces un gran plato – parece una buena opción para compartir -, con las mejillas dispuestas en círculo y hojas de lechuga al centro. ¿Qué hacen hojas de lechuga en este plato?. Me acordé de esas cocinas amateur, donde las hojas de lechuga decoran cualquier plato. A pesar de la presentación, las mejillas estaban en su punto, tiernas y bañadas en una salsa en la que se podía sentir las notas a vino blanco junto a toques de perejil y el contraste terroso de la harina tostada. Ya en el plato principal, la elección fue algo que sonaba irresistible: Raviolis de Merluza en salsa cremosa de centolla al pisco ($ 8.500). Otra vez la sorpresa. Cinco masas rellenas gigantes en forma de triángulo – tanto o más grandes que una empanada de cóctel – que se parecían más a unos grandes panzottis, llegaron bañadas en una salsa blanca donde los trozos de centolla estaban esquivos y el pisco brillaba por su ausencia. Donde se esperaba elegancia, había en realidad una preparación en que la salsa anulaba el relleno de la pasta. Cero posibilidad de un juego de sabores. La guinda de la torta fue un trozo de espina en el relleno de una de las pastas. Aún faltaba para terminar el plato, pero el apetito ya se había acabado. Solo quedaba saltarse el postre y pedir la cuenta, la cual llegó con descuento por el “mal rato” causado por la espina del pescado. Habrá que volver y pensar que éste fue solo un mal día.

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Mercado 605

A pocas cuadras de ahí, por la misma calle Imperial, está Mercado 605, ya lo decía, la cara nocturna y más sofisticada de La Gringa. Una entretenida propuesta de tapas, es la mejor excusa para conocer este lugar, ya sea con amigos o en pareja. Por $ 6.500, se pueden probar 5 tapas a elección – de un total de 10 versiones – de las cuales hay que destacar la de Cordero patagónico con cebolla caramelizada y queso crema, simplemente sublime; Pisto con longaniza de ciervo, una delicia que mezcla sabores ahumados y la frescura de los vegetales; Jamón serrano con queso de oveja y mermelada de tomate, otra combinación perfecta; o Salmón escabechado en vinagre de Chardonnay, donde el toque de vino logra bajar la intensidad y grasitud del pescado. Y hablando de vinos, para acompañar hay una notable selección de etiquetas, todas a la vista y a estupendos precios. Gillmore, Amayna, Facundo, J.A Jofré, Polkura y Flaherty, entre otros, forman parte también de la cava subterránea donde el comensal se puede dar el lujo de ir a buscar él mismo su vino. Notable es también su barra, en la cual se dejan ver whiskies de alta gama como The Macallan ($ 9.900) o Glenmorangie ($ 10.900), gin Hendrick´s ($ 6.500) y tequila Rocado ($ 7.000). Un Mouse de murtilla con ragout de berries ($ 3.500) – ¿puede existir un postre que represente mejor a Puerto Varas? – fue el final perfecto de una noche.

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Bravo Cabrera

Más alejado del centro, avanzando por la costanera en dirección a Puerto Chico está Bravo Cabrera – , un bar y restaurant que se ha ganado su fama y al que por su onda y estilo de comida, podríamos llamar la versión sureña del Liguria. Para partir – y compartir -, hay tablas como la Cuatrero ($ 9.800), que viene con chorizo, prieta, malaya, láminas de carne a la espada y un curioso pimiento relleno con queso. Los sánguches son una de sus especialidades, y de ellos probé el simple pero muy sabroso Pobre Bravo ($ 6.200), una gran marraqueta con punta de ganso cocinada a la espada, cebolla salteada al vino tinto, huevos y papas fritas. Tal cual, el clásico bistec a lo pobre convertido en sándwich. También hay pizzas, y a muy buenos precios ($ 5.000 promedio) con variedades como la Carciofi – alcachofas, quedo gruyere y panceta ahumada – o la Orleans – rúcula, manzana, nueces caramelizadas y roquefort. El año pasado, estrenaron su propuesta 100K – que al igual que otros restaurantes de Chile, busca lograr la sustentabilidad a través de la compra de ingredientes a productores que se encuentren a un radio no mayor de 100 km de distancia – con platos como Pierna de Cordero asada con mayún papas nativas y salsa de cilantro, o postres como su trilogía de Helados: vainilla sobre merengue casero con mora, chocolate con boldo sobre profiterol y manjar de campo sobre crocante de galleta y avellanas de la zona. Para beber, hay clásicos como el Navegado, vinos, coctelería vintage y una buena selección de cervezas importadas (con precios que parten en los $ 2.800), con marcas como Leffe, Gulden Draak y Erdinger. Falto mucho por probar aquí, pero ya será para un próximo viaje.

Direcciones.
Cafés Danes. Del Salvador 441. Teléfono 65 2232371.
Cassis. San Juan 401-A. Teléfono 65 2231083.
Almendra. Sta Rosa 68. Teléfono 65 2237268.
La Gringa. Imperial 605. Teléfono 65 2231980.
El Barista. Walker Martínez 211. Teléfono 65 2233130.
Hotel Cumbres Puerto Varas. Imperial 0561. Teléfono 65 2222000.
Mercado 605. Imperial 605. Teléfono 65 2231980.
Bravo Cabrera. Vicente Pérez Rosales 1071. Teléfono 65 2233441.

2 pensamientos en “Día y noche en Puerto Varas

  1. Pingback: Vipa & Co.: aires sureños en Santiago | experiencias wherelunch

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