
Comienza uno de los meses donde la chilenidad está a flor de piel y los sabores propios se vuelven más urgentes, desde lo reversionado hasta lo clásico, pasando por lo ancestral y las enjundiosas recetas entre panes. Todo lo que tenga sabor a Chile.
Un clásico: Ana María Restaurante

Ana María Zúñiga llegó desde Laja, en el sur de Chile, a Santiago a finales de los ‘70. A los pocos años fundó su restaurante, Ana María, en la calle Club Hípico, en Santiago Centro, en el mismo lugar en el que se encuentra hoy. Esta historia y sus sazones la han convertido en un símbolo de la gastronomía chilena. Un clásico. Su cocina se basa en los productos del mar y aves de casa. También en otras carnes, las que llegan a la mesa mediante preparaciones tradicionales y cocciones lentas, con recetas heredadas de su madre y otras aprendidas en el camino. Su menú contempla erizos al matico, locos mayo, lengua tártaro, caldillo de congrio, codorniz y conejo escabechados, jabalí y ciervo guisado. Es decir, patrimonio gastronómico puro. Club Hípico 476, Santiago.
Entre panes: Fuente Chilena

Rescatar y honrar los sánguches chilenos fue el motor para que en 2008 el chef, Álvaro Barrientos, y su primo, Pablo Leal, abrieran la primera sucursal de la Fuente Chilena en Apoquindo, cerca del centro comercial Omnium. Hoy, ya cuenta con ocho sucursales ubicadas en diferentes puntos de Santiago, y un recetario más amplio que contempla entradas, ensaladas, algunas alternativas vegetarianas, postres y coctelería. Dentro de los clásicos están la Pichanga —con guiños a la versión sureña— y las empanadas. Obviamente, si de Chile se trata el Completo no podía quedar fuera. Ya de plano en el mundo sanguchero, el abanico se abre en múltiples dimensiones entre la plateada, la lengua de vacuno, la fricandela, el churrasco, la mechada, el lomito, el arrollado huaso, el pernil, la gorda, el ave o la hamburguesa. Todas pueden ser pedidas solas, especial, chacarera, completa, italiana o luco. En los postres, uno de los hit es su Flan Casero de leche con caramelo y una salsa tibia de manjar, que de una cucharada te lleva a la infancia. Av. Apoquindo 4900, Las Condes y otras 9 ubicaciones.
El nuevo: Oda

Un tributo a Chile. A sus paisajes, recetario y productos. Esa es la esencia de Oda, restaurante que abrió en agosto de 2025 en barrio Lastarria, en una casona de 1852 que pertenecía a la iglesia que está a un costado, de la que mantiene murallas y vigas originales. Su carta se pasea por diversas preparaciones del norte y sur del país, algunas con ciertos guiños de autor, como su suave Chupe de jaiba (de Magallanes) con cochayuyo suflado; su ceviche de personalidad eléctrica con pesca del día —que puede ser róbalo, palometa, blanquillo, merluza o reineta—; y una deconstrucción del lomo a lo pobre. En lo dulce también brillan sabores locales gracias a unas Peras al vino tinto, una Leche asada y una con toques propios: su torta Torta manjar, nuez y frambuesa. Su barra quiere dar visibilidad a los productos nacionales, por eso, aparecen insumos como papaya y calafate natural, huesillo y mote suflado. Esto se irá complementando con vinos de pequeños productores y destilados chilenos, donde el pisco irá ganando un sitial especial. José Victorino Lastarria 138, Santiago.
Ancestral: Willimapu

De la cocina de Cecilia Loncomilla sale ese humo que te lleva al sur de Chile. Sus sabores también transportan. A fines de julio esta cocinera trajo su cocina williche mapuche a Lastarria con un recetario distinto al que tiene en sus otras sucursales en Franklin y Yungay, también barrios patrimoniales. Esta nueva casa es para ella volver al origen, pues hace más de una década cocinaba en este sector. Además, es la oportunidad de ofrecerle a chilenos y extranjeros una oferta tradicional apegada a lo ancestral, en la que rescata recetas de su familia, muchas de las cuales son cocinadas con productos que le llegan del sur. Ejemplos son su reconfortante Cazuela de campo al estilo sureño, con un gallo de la X Región y sopones —masa en base a huevo y harina—; unos golosos Choritos Maltón al alicate, con longaniza artesanal, queso y tomate; y unas Papas Cautivas —nombre en honor al libro Cautiverio Feliz, primer registro de las papas fritas, escrito en Nacimiento— hechas con unas diez variedades de este tubérculo nativo, proveniente de Chiloé, con salsa blanca, piñones, merkén y morchella rallada. Se trata de una cocina hecha en el momento, con cuatro opciones al almuerzo, que van cambiando semanalmente, pero siempre manteniendo la magia del sur. Merced 346, Loc A, Santiago.
Casero con toques propios: Damajuana

Damajuana quiere evocar la casa de la abuela de Ricardo Cornejo, chef que lleva años dedicado a la cocina chilena. Antes de abrir este restaurante en noviembre de 2022, comandó Silabario, extinto proyecto del sector enfocado en el recetario nacional. Hoy su carta abarca preparaciones tradicionales, como un enjundioso pastel de choclo, hasta algunas con guiños de autor, como su completo con salchicha artesanal de jabalí. Todo esto se complementa con una oferta de mar fresca, gracias a una piscina que le permite tener ostiones vivos de Tongoy y ostras de Ancud, además de otros insumos que varían de acuerdo a lo que entregue el océano. Esto se complementa con una nutrida oferta de coctelería clásica y recetas propias. Desde hace dos meses tiene, los fines de semana y festivos, una discada en vivo, que da vida a un enjundioso cocimiento de mar y tierra, con un caldo de esos que sacan suspiros. Para las Fiestas Patrias, del 15 al 20 de septiembre, montará una fonda donde habrá empanadas, choripanes con longaniza de ciervo, jabalí o conejo; y un anticucho especial con el que espera ganar, por tercera vez, la competencia de la municipalidad de Providencia. También habrá terremotos y juegos criollos. Es decir, chilenidad dentro y fuera de la mesa. Condell 936, Providencia.
Chilena reversionada: Prístino

Cocina chilena con la mirada y sazón de Claudio Úbeda. Eso es Prístino, restaurante que este chef abrió a mediados de 2025 en Vitacura junto a esposa Paula Meléndez, con quien ya había trabajado en Dulce Fermento, pastelería que crearon durante la pandemia. Esta nueva casa llega para rescatar sabores tradicionales y nostálgicos; para crear otros con toques de autor y aires contemporáneos, todo en medio de un ambiente de aura sofisticada donde prima la madera y la luz. Muy fiel a su estilo, el producto se luce, dándole protagonismo al mar. Por eso, se puede disfrutar de empanaditas fritas de camarón nylon con queso mantecoso, machas a la parmesana y mermelada pebre, y pesca del día a lo pobre. También, de una pierna de pato confitada y asada al horno de carbón. Los postres destacan de igual forma, siendo las preparaciones chilenas —algunas con ciertas variantes— el hilo conductor. Su carta de vinos contempla varias cepas y valles del país, siendo otra forma de recorrer Chile. El Coihue 3807, Vitacura.
Un bonus: Cora Bistró
Cora Bistró no se quiere quedar fuera de las celebraciones dieciocheras, por eso tendrá durante septiembre un menú especial inspirado en la cocina patrimonial chilena, evocando el espíritu del criollismo a través de diferentes preparaciones. Serán cinco tiempos con platos emblemáticos de diferentes territorios del país como cazuela de cordero y luche, picante de guatas y patas, y pulmay. El maridaje será con vinos de Roberto Henríquez, basado en cepas patrimoniales. Además, habrá bebidas y cócteles típicos con el sello de Cora. Monseñor Félix Cabrera 14, Providencia.
