
El nuevo proyecto de los creadores de Dipsy’s Backyard y Kali & Dipsy’s es una joyita escondida en Vitacura, gracias a una coctelería creativa, una cocina sabrosa, una interesante selección de vinos y una curatoría musical en sintonía.
Fotografías © WhereLunch.com
Por fuera no llama mucho la atención. De hecho, no hay ningún cartel que indique que en la discreta calle Los Abedules funciona Amatista. Pero, una vez que cruzas la puerta, el ambiente envuelve con su luz tenue, un aura minimalista, unos sillones verdes, unas pocas mesas y una sobria barra de madera, donde en la esquina del fondo está el bartender y en el centro el encargado de mezclar vinilos.
Desde abril funciona este proyecto que tiene detrás a los socios gastronómicos José Boisset y Mauricio Fernández, los mismos de Kali & Dipsy’s —que abrió en 2025 en el mall Costanera Center—, y el exitoso Dipsy’s Backyard, a unos metros de Amatista, nombre que, siguiendo la lógica de los otros dos locales, es en honor a uno de sus perros.

Desde sus inicios la idea ha sido recuperar el espíritu del bar de barrio, con comensales asiduos, que disfruten de su música —todos los días, de martes a sábado, hay alguien distinto mezclando— y su gastronomía. Por eso, su carta, tanto de comida como de cocktails y vinos, promete ser dinámica, con ciertas renovaciones cada tres meses.
La coctelería está comandada por Diego Sepúlveda, quien ha estado en lugares como Kross Bar y Misceláneo. Su propuesta, que se complementa a los clásicos, está inspirada en Chile y diversas influencias del mundo, logrando sabores reconocibles. En general, se trata de combinaciones lúdicas, fáciles de beber, que se perciben con baja graduación alcohólica, aspecto translúcido y montajes sobrios.

Uno es Tunacello, con vodka macerado en tuna, limoncello de la casa, limón clarificado y tónica, que en el primer sorbo recuerda al Centella, ese popular helado de agua. Es fresco y ligero, con una fruta que se siente y que va en sintonía con el licor propio que sigue la receta italiana. Otro es Hazel, una reversión de un Manhattan, pero con un toque marcado de avellana, la que se complementa con Whisky Jack n°7, vermouth rosso y bitter de naranja, logrando un elegante y potente brebaje.
En honor a la ciudad mexicana con una fuerte producción de mezcal está Oaxaca, dado que ese destilado es la columna de esta creación que además lleva piña asada, té Lapsang Souchong —negro y ahumado—, miel y naranja. Aparece con una espuma coqueta, una fruta que se identifica con claridad, mientras que el humo se cruza en diferentes capas y conversa con una leve nota dulce y cítrica. Similar esencia tiene Piña Smoked, su generoso mocktail, de leve picor.

Esto se complementa con una interesante selección de vinos chilenos, asesorada por el sommelier Matías Kaempfer, ordenada por valles, que incluye exponentes de Huasco Costa, Limarí, Cachapoal, Casablanca, San Antonio, Maipo, Colchagua, Maule, Itata y Malleco. En este repertorio se pueden encontrar etiquetas de Emiliana, Casa Marín, Lapostolle, Almaviva y Undurraga y otras más boutique como Villard Fine Wines, Mendoza & Carriel, Masintín, Itata Paraíso, Pandolfi Price y Garage. Todos disponibles por botella y algunos por copa. Eso sí, hay solo un exponente extranjero, un champagne de Francia.
En tanto, la comida es ecléctica, con preparaciones representativas de diversas cocinas, para así abordar variados gustos. Todo con sabores marcados, enjundiosos, con una nota ahumada presente, emplatados prolijos y recetas pensadas para compartir, cucharear y, en algunos casos, comer con las manos. Su creador es el chef peruano Pepe Valderrama, quien trabajó muchos años en su país y en Chile, donde tuvo su propio emprendimiento.

En su carta hay una docena de platos salados, entre cárnicos, marinos y vegetarianos, más una alternativa dulce. En los productos del mar está Tartar, cubitos pequeños de atún asiático mezclados con una emulsión nikkei y una leche de tigre vegetal que le da aún más potencia, sin opacar el pescado. La cremosidad aumenta con una emulsión de palta, mientras que el contrapunto lo regalan unas cebollas encurtidas con jugo de frambuesa. Para untar, trae unas galletas de arroz.
A esto se suma Tacos, con un buen camarón apanado que se complementa con coleslaw, sriracha, piña a las brasas, crema de palta y limón, todo sobre una buena tortilla de maíz, que te acerca de un bocado a México.

Entre las opciones calientes está Ostiones, cinco conchas provenientes de Caldera, que son sopleteadas en la mesa. Va con mantequilla de pachikay —aderezo chifa, fusión chino-peruana— y crema de ají amarillo, que le entrega color y un entretenido picor que se refresca con una chalaquita de cebolla.
Un hit es Sando, que llega impecable, con un filete a punto y un brioche goloso que aguanta perfecto la cremosidad de un buen coleslaw y una mayo spicy secreta de la casa, que también se utiliza en Dipsy’s.

Entrando en el mundo vegetal están unos reconfortantes y aromáticos Malfatis —pasta originaria de la Toscana que son bolitas rústicas de ricota y espinaca—, disponibles para celíacos, que acá vienen gratinados y con pesto, tomates confitados, rúcula y grana padano. Otro es un increíble Butternut, un zapallo que pasa 48 horas en sous vide, que es elevado con un chimichurri de avellanas, miel sichuan, crema de queso y unas semillas de granada que aparecen como pequeños destellos de acidez que sorprenden en medio de un mundo dulce, terroso, con cierto picor. Imperdible.
AMATISTA
Los Abedules 3031, Vitacura.
@amatista.scl
