
Con una propuesta franca y simple, este espacio recién inaugurado traslada los grandes clásicos de la costa al piso -2 del Mercado Urbano Tobalaba (MUT).
Fotografías © Darío Córdova
El mar pareciera ser la nueva frontera de la gastronomía local. Con una inusual ola de aperturas orientadas al producto marino, queda claro que los comensales nacionales buscan, de manera creciente, propuestas honestas enfocadas en la riqueza de nuestras costas.
Una de las últimas incorporaciones a este grupo es Caleta de Locos, una barra marina que hace un par de semanas abrió en el piso -2 del Mercado Urbano Tobalaba con una clara propuesta de mostrar las recetas más clásicas y tradicionales de este estilo de cocina.

A cargo de la propuesta se encuentra el reconocido chef peruano Alexander Dioses, quien llegó a nuestro país para liderar la primera etapa de La Mar y, desde entonces, ha consolidado una extensa trayectoria trabajando con los pescados y mariscos nacionales.
Partimos la visita con un Mariscal Frío, una sabrosa combinación de almejas turgentes y dulces, lapas blandas, choros maltones de calibre medio, camarones nacionales muy sabrosos y unos pocos dados de locos de buena textura y delicado sabor, todo coronado por una salsa verde y montado sobre abundante jugo de limón. Un buen plato, correcto y de intensidad media.

Seguimos con unos Ostiones a la Parmesana que llegaron con estos sabrosos bivalvos a un excelente punto, con una carne suave y un coral intenso, bañados en una abundante y líquida mezcla de queso, crema y una reducción de caldo de pescado con vino blanco. Un plato sabroso por su marisco, pero al debe en el gratinado.
Las frituras son parte importante de la propuesta de este lugar, así que pedimos un Congrio a lo Pobre, receta donde es difícil lograr el balance entre sus cuatro ingredientes. Acá nos llegó un plato con un filete de pescado muy fresco, jugoso y que se desgajaba al tocarlo con el tenedor, todo esto con un empalizado crocante y bien logrado donde se extrañó un poco más de aliño y un formato en medallón. Venía acompañado por unas papas fritas delgadas, con cáscara y bien hechas, una porción acotada de cebolla confitada y dos huevos fritos con su yema líquida.

Las lapas es uno de los productos del mar que aún son considerados como de segunda categoría (en algún momento las almejas, los chorlitos y las jaibas también estuvieron en esa posición), pero en Caleta de Locos se arriesgaron a incluirlas en su carta, aun cuando están sujetas al capricho del mar. Acá las probamos en una sabrosa preparación al pilpil, con abundante ajo y un rico picor que ocultó gran parte del sabor de las lapas, todo acompañado de un acertado arroz blanco.
Como es la tónica de los restaurantes nuevos, este aun no cuenta con patente de alcohol, por los que tuvimos que conformarnos con imaginar una copa de vino blanco mientras tomamos agua mineral.

La propuesta de Caleta de Locos es simple y honesta: traer la cocina de playa a la capital a través de platos clásicos que ya están incorporados en el ideario gastronómico del comensal local; una promesa que ejecutan sin problemas.
Falta afinar un poco más a su personal de sala, que en algunos momentos se vio algo sobrepasado, y esperar que pronto cuenten con las condiciones para que el vino se convierta en el nuevo aliado de una cocina marina de precios más que convenientes.
CALETA DE LOCOS
Av. Apoquindo 2730 (MUT), Piso -2, Las Condes.
@caletadelocos
