
El carismático chef Javier de Solminihac regresa con una nueva propuesta que combina precios accesibles con una experiencia gastronómica fresca, variada y, sobre todo, honesta.
Se sienten nuevos aires en este sector de la capital, el cual atraviesa un momento de auge. Gracias a un reciente boom de propuestas gastronómicas diversas y de alta calidad, La Dehesa ahora ofrece un panorama culinario dinámico y atractivo para todos los gustos. Y bolsillos.

Rostros conocidos del rubro están viendo con nuevos ojos el potencial de esta zona que hace rato ya no es sinónimo de restaurantes de retail, apostando por conceptos conceptos independientes, creativos y con una clara visión gastronómica. Uno de los últimos en instalarse aquí es Javier de Solminihac, cocinero que comenzó sus pasos en Ambrosia, y cuya nutrida trayectoria incluye las cocinas del Kitchen Club, AdeEne y Tamango Brevajes en Santiago, y Aurelia Bistró, Casa Valdés y Mesa Tropera en Puerto Varas.
Y así llegamos a Delfina Bistró, el nuevo restaurante con el que Solminihac se atreve a mezclar las mejores influencias del Mediterráneo sin sacrificar la autenticidad ni, lo más importante, el bolsillo. “Es una cocina con inspiración mediterránea, de platos conocidos, sabrosa, a un buen nivel, enfocada en el resultado del producto” nos cuenta el chef.

Un punto de partida ineludible es un plato icónico de Italia: el Vitello Tonnato. Esta versión respeta la base cremosa de la salsa de atún y las finas láminas de carne – en este caso cocinadas al vacío por 4 horas -, pero el chef le añade gel de betarraga, cebolla encurtida y alcaparrones (en vez de las clásicas alcaparras). El resultado es rico equilibrio entre la nostalgia de la receta piamontesa y un refrescante guiño contemporáneo.
La gracia de Delfina Bistró es su habilidad para tomar los clásicos inmortales del Mediterráneo y dotarlos de un sello propio. Aquí, el menú no solo recorre la cuenca del mar, desde la Península Ibérica hasta Oriente Medio, sino que los pone a prueba con sutiles reinterpretaciones.

El Carpaccio de Betarragas Asadas viene con queso feta, crema de parmesano, gel de limón sutil, brotes, alcaparrones, reducción de aceto y, como broche inesperado, avellanas con merquén. En contraste, los Mini Kebabs llegan con una audaz fusión: la clásica salsa tzatziki acompañada de guasacaca, una especie de guacamole venezolano. Platos que son un notable ejercicio de contrapuntos, pero también de armonías.
En los fondos, la propuesta mantiene una consistencia clásica. El Strogonoff se apega a la receta tradicional, con su carne tierna y una salsa a base de crema que lo convierte en un plato reconfortante. La Merluza a la Menier, clásico francés, llega al punto perfecto junto a espárragos salteados y papas confitadas. Sabores familiares para quienes buscan la nostalgia de una cocina bien ejecutada.

La creatividad resurge con los Sorrentinos de calabaza y ricota, un plato donde lo dulce del relleno contrasta con una intensa salsa a base de mantequilla negra y una reducción de aceto balsámico. Avellanas tostadas con merquen terminan por aportan un toque crunch y aromático.
¿Y que hay para beber por este recorrido mediterráneo? Coherente al estilo de su cocina, en Delfina hay una propuesta de coctelería fresca y ligera, con sabores mas o menos conocidos, como es el caso de Cádiz, mezcla de jerez, pisco, syrup de tomillo y limón, o Cannes, el cual combina gin, vermouth blanco, Campari y syrup de betarraga.

Su carta de vinos es acotada, lo suficientemente correcta en variedad y nivel de precio, destacando etiquetas como Tabalí, aquí presente con varias cepas y su estupendo espumante Tatié, además de joyas como el VIK A tanto en su versión Carmenere como Cabernet Sauvignon.
Delfina Bistró
Av. La Dehesa 1201, Lo Barnechea.
@delfina_bistro
