
Detrás de esta apertura están los reconocidos bartenders Nadín Elías y Ricardo Guerrero, quienes han desarrollado un concepto de cafetería de especialidad en línea con la coctelería y la gastronomía.
Artemisa es la diosa griega de la caza y protectora de los bosques, entre otras categorías. Esta mujer aguerrida, empoderada y esforzada es quien inspiró este coffee-bar comandado por los reconocidos bartenders Nadín Elías y Ricardo Guerrero, la misma dupla detrás de Bar Academy. Es ella también quien revela las recetas que salen de la barra y de la cocina, la que está a cargo de Liliana Ulloa.
Por lo transversal del concepto, desde su apertura, a mediados de abril, sus puertas abren todos los días de la semana desde las 11 de la mañana, cuando el café de especialidad es el centro de la propuesta, por lo que la bollería está disponible solo hasta las 18 horas, cuando se da paso de lleno al bar. Eso sí, el domingo la cafeína sube de nivel con las cada vez más populares coffee party, que terminan a eso de las 17 horas.

Por el momento, están trabajando con granos de Colombia y dentro de las posibilidades de extracción está filtrado, Aeropress y R60. Para quienes quieren profundizar, se realizan catas e instancias de aprendizaje grupales, para lo que es necesario coordinar directamente.
Un elemento que tiene gran protagonismo en todas las áreas de Artemisa es un mini laboratorio que consta de una centrífuga, un rotavapor y una máquina ultrasonido, pues por ahí pasa cocina, barra y café con el propósito de generar nuevas capas de sabores y texturas.

A la hora del cóctel en Artemisa.
La carta de coctelería se inspira en clásicos y se divide en Sour, Negroni y Old Fashioned. En la primera categoría está el power y nada tímido Entre Andes y Nipón, con un pisco macerado en wasabi – que si bien busca solo aportar en sabor, llega de todas formas con algo de su picor -, que se fusiona con un cordial de piña, puré de guayaba, limón sutil y espuma nitro de Earl Grey y pera, que se dejan sentir en nariz al tiempo que el té le da una nota especiada a este cóctel que funciona bien como aperitivo y despierta los sentidos.
Otro de los Sour es Beecilin, que hace guiños a un Penicillin, dado que la dosis de gin y limón sutil se mezcla con jengibre y un cordial de miel y manzanilla que llega con un aire que le da altura.

En el mundo de los Negroni está Green, el que tiene una personalidad japonesa gracias a su perfil floral, elegante y seco, bien minimalista, que nace de la combinación de gin, vermouth, Campari, jazmín y matcha.
Otro es Versión 5 que va con Camparetto, es decir, Campari texturizado con Amaretto, bourbon, vermouth bianco y vetiver, una planta de la India, que le aporta algo floral. Sin embargo, su espíritu más dulce, con una almendra marcada, lo hace una buena versión para los que quieren aproximarse al clásico que lo inspira.

De los Old Fashioned sale Hidrón con un bourbon macerado con plátano, coco, cacao e hidromiel, un cóctel que ha pasado por la técnica del ultrasonido logrando un espíritu cálido con una parte frutal presente. A la lista se suma Isofonía con bourbon reposado con mantecol, lo que le regala una potencia untuosa en boca que va en sintonía con una dosis de cold brew y Frangelico. Si bien ambos estaban algo débiles en estructura, los ingredientes están pensados para conversar y generar un gran match.
La trilogía de los Old Fashioned se completa con O.F, a base de escocés infusionado en piñas con esferificaciones de granada y bitter de naranja, con un toque ahumado, una barrica presente y perfil seco.
Platitos entre la tierra y el cielo.

La carta de cocina de Artemisa contiene una serie de platitos para compartir que se dividen en cuatro categorías: En el cielo, donde hay aires y nubes; En el mar; En la tierra; y Caprichos de Artemisa, que son los postres. En el primero están las Ostras de Pandora, que van con un aire de Virgin Mary que potencia el sabor; y unas Nubes de Parmesano, que son unos ostiones acompañados de una espuma del queso que les da el nombre.
En el mar está Tiradito de Iris, que es un salmón con leche de tigre, con un cariz lechoso, que le otorga mayor amplitud en boca, más un cremoso de palta, aceite de achiote, merkén para subir en picor y alcaparras de buen calibre que suman acidez.
En la tierra está Dafne Mixta que es una tabla con charcutería artesanal ahumada -pastrami y copa-, quesos chilenos de productores locales -mantecoso y oveja-; fruta -higo, frutilla y uva-, aceitunas, y un panal de miel de la Araucanía, específicamente de Temuco, que es todo un hit. También Deméter Ganoush, un terso cremoso, estilo hummus, de berenjenas asadas, con unas granadas para darle un fresco contrapunto que se acentúa con un aceite de perejil.

Pensando más en un fondo está Mirada de Era, que es una suave pasta fresca hecha en el lugar rellena de zapallo camote, que le da dulzor, y nuez para la crocancia y una nota algo terrosa, ingredientes que juegan bien con la salsa ligera de limón y salvia más un aceite de perejil que aporta una nota verde.
En los Caprichos está un lindo Matchamizu de Zeus, es decir, una reversión del tiramisú donde la crema es de té matcha, que aporta una interesante nota especiada, y unos pistachos que conversan con los toques de café, quedando algo al debe con consistencia.

La dupla se completa con Venus al Malbec, cepa insignia de Mendoza, Argentina, que es de donde proviene Nadín, por lo que es un guiño a su tierra. Se trata de unas turgentes peras con crema montada infusionada al tomillo, la que ayuda a integrar sabores y hace de peldaños en este viaje al cielo de los sabores, que sería donde habita Artemisa.
Artemisa
Tajamar 287, Las Condes
@artemisa_cocktailbar
