
Con más de una década de historia, este restaurante ubicado en un entorno privilegiado frente a la playa muestra una cocina sabrosa y consistente que tiene a los productos del mar como protagonistas.
La historia de Casa Cuesta comienza con un llamado. Sebastián Cuesta había llegado hace poco del País Vasco después de haber trabajado 14 años como chef, cuando tuvo la oportunidad de hacerse cargo de un restaurante. Pero no quería hacerlo solo, por lo que llamó a su hermana Francisca para que se sumara a la aventura. Él estaba en Pichilemu, ella, en Santiago. De eso, ya van 13 años.
En septiembre de 2011 Casa Cuesta abrió sus puertas frente al mar y hoy es un clásico de la ciudad costera en la región de O’Higgins que logra convocar al almuerzo un público diverso, que se mueve entre parejas, familias y grupos de amigos de todas las edades, más alguna mascota gracias a que los animales son bienvenidos.
En su carta, como era de esperarse, predomina el mar, la que se nutre de productos de la zona, más otros traídos desde ciertos lugares del país donde la calidad manda.

Un ejemplo en las entradas es su Pulpo al Olivo, proveniente de Copiapó, el que te saca un suspiro en cuanto llega a la mesa por el aroma que te regala su sala de olivo y de pimiento que le sirve de cama, junto con una dosis de cebolla caramelizada que genera un buen contrapunto, y por unos hermosos tentáculos que en boca se sienten crocantes por fuera y turgentes por dentro, de sabor pronunciado que se combina con un leve toque ahumado.
En su carta de fondos hay pastas y carnes que van tomando su espacio, aunque las estrellas siguen siendo las recetas de espíritu marino, como su Pesca del día – con opciones como corvina, congrio, merluza y palometa – que puede ser servida a la plancha, con refrito de ajos, a la mantequilla o frito, más un agregado como arroz, risotto de setas, ensalada a la chilena y las infaltables papas fritas.

El día de nuestra visita probamos una corvina a la mantequilla que le entregó cremosidad sin restarle presencia al pescado, el cual llegó en su punto, con una leve crocancia exterior, al tiempo que por dentro estaba terso y jugoso. El acompañamiento fueron unas papas fritas a la altura, de buena factura.
Otro es el Risotto de Mariscos, con un surtido en el que encuentras calamar, choritos y pulpo coronado con unas patas de jaibas, de la zona, con un elegante apanado, los cuales nadan en un goloso arroz, con más aura de caldoso, que te invita a cucharear sin parar.

Su lado dulce contempla cuatro clásicos, dentro de los cuales está la Pannacotta con coulis de frambuesa, de buena textura, dulzor controlado y una porción de arándanos y menta que entregan frescor.
Para beber, uno de los hits es el sour de la casa (el que por la demanda también venden para llevar en una botella de un litro, ojo) de estilo frozen, por lo que llega bien frío, con una acidez en proporción al dulzor.
En el apartado de coctelería de autor, con Simón Peña Cuesta como creador y jefe de barra, uno de los que ha marcado tendencia es Di la verdad Rosa, que está hecho con gin, Ramazotti Violeto, syrup jengibre, limón y tónica de rosas, por lo que se trata de un cóctel especiado, aromático, en especial gracias a una dosis de romero, con un dejo violeta controlado en boca y con un dulzor que se conjuga con su amargor, logrando un equilibrio.

La carta de tarde-noche sufre ciertas variaciones, algunos platos y postres desaparecen, para dar paso a las pizzas y otras creaciones que se pueden compartir, aunque se mantiene el menú de niños.
Todo este recorrido demuestra una cocina que se presenta consistente con una propuesta en la que la calidad del insumo manda y se luce, gracias a técnicas no invasivas, que lo realzan, mientras que cada tanto se cuela el dejo español que es parte del sello de la casa.
La experiencia se complementa gracias a que cada tanto va un DJ o una banda. En tanto, durante el almuerzo se siente de fondo un playlist ad hoc que está a cargo de Francisca, quien está casada con el músico Julián Peña, parte de la banda Santos Dumont, por lo que la música es un tema importante en Casa Cuesta, donde la enjundia va más allá de la comida.
Casa Cuesta.
Eugenio Díaz Lira 270. Pichilemu
@casacuesta_pichilemu
Si vas a Pichilemu y estás buscando dónde alojar una gran alternativa es Buda Lodge, un conjunto de tiny cabins, cada uno con un hot tub privado, más dos casas, todos emplazados en medio de un pequeño bosque con vista al mar.
