
El nuevo comedor de Chicureo es un lugar con la única pretensión de entregar cocina chilena clásica con porciones abundantes y precios más que accesibles.
La cocina chilena, el regreso a las raíces, el recetario patrimonial, es una moda cada vez más extendida entre los cocineros locales. Y es que hace algunos años comenzó esta revalorización de lo nuestro, con un puñado de cocineros que han tomado a la gastronomía nacional como bandera.
Aun así, en la actualidad es más fácil comer una hamburguesa que disfrutar de una cazuela, pues los espacios donde la carta es un reflejo de nuestra cocina casera, son realmente escasos.
Es por eso que la llegada de una propuesta como Casona Doña Elisa, comandado por un cocinero de las grandes ligas, Sebastián Gamboni, es todo un acontecimiento. Un lugar dedicado a entregar platos del imaginario chileno sin ninguna reingeniería, con porciones abundantes y precios más que razonables.

Partimos la visita con un mix de Machas y Ostiones a la Parmesana, las primeras con lenguas de buen calibre, sabrosas y servidas a buen punto, pero opacadas por un queso demasiado intenso que le quieta protagonismo. Mejor aguantaron los ostiones, que mostraron toda su personalidad y no se amilanaron ante el gratín.
Seguimos con un tradicional Crudo, doscientos gramos de asiento cortado a cuchillo que viene acompañado con cebolla morada, pepinillos, ají en escabeche y mayonesa casera, además de unas tostadas; todo pensado para armar a gusto, con una carne sabrosa, blanda y casi dulce.

El primer fondo que probamos dejó la vara alta, un tremendo Costillar bien aliñado con orégano, comino, vinagre y ajo que luego de cocinarlo por horas da como resultado un trozo de cerdo blando, muy sabroso y tremendamente evocador.
Seguimos por el camino del Cerdo con un gran Pernil Asado, generosa porción dueña de una piel crocante y una carne suave, que se hubiera disfrutado mejor con un tiempo más de cocción, así la grasa se habría caramelizado completamente.

El vacuno estuvo representado por la Plateada, corte sabroso, intenso, que se deshacía con cortarlo, servido con un caldo potente que, nuevamente, tiene uno de los ingredientes más potentes de la cocina, el recuerdo.
Los acompañamientos estuvieron a la altura, con un cremoso Puré Picante que sin parafernalias cumplió más que bien su cometido, y unas Papas Fritas Caseras que podrían haber beneficiado de unos minutos más en la freidora.
Poco espacio había para el postre, pero es difícil no caer en la tentación de unas Sopaipillas Pasadas que llegaron con un almíbar suave y elegante.

Casona Doña Elisa tiene bastante claro qué tipo de restaurante es, uno donde manda la tradición, con una carta sencilla que apela a la cocina casera que ya casi no se come en ninguna casa, esas de platos con baranda y eternas conversaciones de sobremesa.
Esperemos que pronto puedan lograr la patente de alcoholes para que la experiencia pueda ser completa, aunque por el momento, el estómago y la billetera salen contentos de una visita a este nuevo lugar.
Casona Doña Elisa
Centro Comercial Los Pinos, Av Chicureo 1920, Colina.
@restaurantecasonadonaelisa
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