
Con dos años de vida, este espacio apuesta por una mirada propia a este tipo de gastronomía, con ingredientes nobles que escapan de la oferta oriental de la zona.
Viña del Mar podría ser considerada la ciudad más pop de nuestro país, ya sea por el Festival que cada año cierra el verano, por el particular glamour de su Casino de Juegos, por el historial discotequero de Reñaca e incluso por su oferta gastronómica, más dada a los restobares que a los restaurantes.
Al contrario de su vecina Valparaíso, más bohemia y cerebral, Viña pareciera estar siempre de moda, siempre en busca de las nuevas tendencias y los sabores que puedan conquistar tanto al comensal local como al turista.

La cocina nikkei, entendida como la mezcla de los sabores peruanos con las técnicas japonesas, hace ya un rato que arribó a esta ciudad, y uno de los lugares que la cultiva con ganas es Sumoku Nikkei, un pequeño y ondero espacio bien decorado con una terraza dueña de una privilegiad vista a las playas de Reñaca.

Partimos la visita con un Cebiche Sumoku, interesante propuesta con dados de reineta y chalaquita servidos alrededor de una piedra caliente y cubierto por una gran galleta crocante de camote, el que es terminado en mesa por una leche de tigre al rocoto. La mezcla impacta en múltiples dimensiones: primero por el contraste de temperaturas entre la piedra y el líquido que no solo hace que se derrita el crocante de camote, sino que además invade la mesa con un sensual aroma. El resultado es un cebiche tibio, con un intenso aliño, donde el juego de texturas y temperaturas es protagonista.

Seguimos con una de las entradas más vendidas, las Conchas Frías, tartar de pescado de roca, camarón y pulpo, montadas en conchas de ostión y coronadas por una espuma aire de leche de tigre, chalaquita y aceite de merkén, un sabroso picoteo, casi un cebiche en formato degustación aunque funciona como un perfecto picoteo.
La carta de Sumoku Nikkei es breve, con una clara mirada de autor que, si bien visita algunos clásicos, tiene ganas de ir por un camino propio.
Entramos a la zona de rolls con el Kiuri Maki, camarón ecuatoriano, salmón, pescado blanco, salmón, palta y ocra encurtido envuelto en pepino, una receta crocante y cremosa al mismo tiempo, con una delicada e interesante nota dulce.

También pedimos el Hotate Maki, camarón apanado en quinoa y palta, envuelto en ostión marinado en ponzu, con salsa cítrica de rocotos tatemados y terminado con tierra de cancha garrapiñada, plato dueño de un suave picor, donde la salsa se lleva gran parte del protagonismo.
Terminamos la visita con uno de sus platos de fondo, el Tako Robata, pulpo de buena textura al que se le echó de menos un paso por la parrilla, servido con chimichurri nikkei, acompañado de una suave y adictiva crema de papa amarilla; un abundante plato que de seguro no deja con hambre a los comensales.

Tal como la sección de comidas, su carta de vinos en breve, con cepas tradicionales y vinos relativamente clásicos, aunque se pueden encontrar algunas joyitas, como el ensamblaje Casa Marín Cartagena Coastal Red y el sabroso y escaso Calyptra Fortificado.
Los líquidos son más dominados por la coctelería de autor, bastante creativa, con balance y preparaciones que van desde lo dulce hasta lo más frutal. Ojo con sus mocktails, que no se quedan atrás.
Se sienten las buenas intenciones de Sumoku Nikkei, un lugar con reales ganas de marcar la diferencia en la zona. Un espacio que vale la pena conocer, tanto por su excelente vocación como por un par de platos (sobre todo del cuarto frío) que llegan a sorprender.
Sumoku Nikkei.
Bellavista 703, Reñaca.
@sumoku.nikkei
