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Pad Thai: viaje al sudeste asiático

El comer bien es un deleite que debe ser pausado y relajado para saborear cada bocado. Un ritual sibarita que tiene todavía más sustento si pensamos en las comidas asiáticas, con su infinidad de especias y aliños, que hacen del plato una obra de arte que requiere tiempo para admirarse. Siguiendo esta filosofía, en Pad Thai se privilegia la calidad por sobre el tiempo. Sus preparaciones requieren de una espera considerable a la hora de servicio, no por nada ellos mismos recomiendan ir con relajo y el ambiente está dispuesto para que así sea. Así, la conexión con Tailandia comienza desde que uno cruza el umbral de la puerta: estatuas sagradas orientales, jardines tupidos y el diseño de sus comedores están perfectamente ambientados para transportarnos al otro lado del mundo.

Si sabe lo que quiere y conoce la cocina thai, decidir el plato en base a la oferta de la carta le será fácil: los principales y los currys pueden elegirse con cualquier proteína – res, pollo, camarón, tofu o cerdo -, niveles de picante e incluso el método de preparación, que puede ser a la olla o al wok; el primero más líquido y suave, el segundo más intenso y viscoso debido a la concentración de los sabores por el incremento de calor que tiene el wok.

Para aquellos que se acercan por primera vez a estos sabores, les recomendamos pedir ayuda al equipo de servicio, son chicos bien entrenados que saben lo que hay en la carta y pueden asesorarlo bien en su pedido. De todas formas, la sección de la carta de autor es una amalgama con toques de cocina más occidental desarrollada por el chef Sebastián Valdivia, y que están perfectos para los que no se sientan aún muy confiados.

Comenzamos con un Pisco Sour estilo Thai, preparado con leche de coco, albahaca y un poco de coco tostado ($3.100). Mientras esperábamos los fondos, probamos los Saté Kung, brochetas de camarones macerados en especias acompañados de salsa verde ($4.900); los Por Pia Pak Hoo, rollitos de masa de arroz fritos rellenos de verduras y tofu más salsa agridulce ($4.900), y la versión de los mismos rollitos, pero rellenos de camarones y salsa de ají dulce llamados Por Pia Kung. A la ronda de entradas, se sumaron las infaltables – y deliciosas – brochetas de pollo Saté Gai con salsa de curry y maní ($4.200), además de un fresco Cebiche Thai de camarones, con leche de coco, pepino, menta y especias tailandesas ($5.900).

Nuestras papilas ya estaban bien despiertas para recibir los fondos, y por supuesto había que probar el clásico Pad Thai por el cual lleva su nombre el restaurante. Para esta preparación, elegimos camarones como proteína en un conjunto de sabores que recorren todo el paladar, y como no, si aquí hay dulce, ácido, amargo y salado a la vez, un plato donde las verduras llegan crujientes, los camarones turgentes, y los fideos de arroz jugosos en salsa ($8.900). Pedimos dos currys, el Kand Musaman de res, curry musulmán con base de leche de coco, papas semilla, maní y albahaca ($8.900); y el Kand Keow de pollo y curry verde, con notas un poco más ácidas, acompañado de berenjenas asadas, pimentón verde y albahaca ($7.900). Ambos en un nivel de picante tres – ideal para los que les gusta un poco de picor sin mermar el disfrute de los sabores -, y preparados al wok para intensificar los sabores y disfrutar del festín de notas aromáticas que tiene cada curry.

De los platos nuevos de autor, probamos un Risotto de atún estilo Pad Thai cocinado con leche de coco, champiñones, semillas de cilantro y curry rojo, acompañado de unos gruesos cortes de atún con semillas de sésamo ($12.900); un perfecto acercamiento a la comida tailandesa para los más tímidos. El atún vuelve a aparecer en el Pla Thuna Leuxy (en la foto que sigue), perfectamente sellado sobre una cama de verduras salteadas al dente, piña en salsa de mango y salsa dulce de ají, un juego de sabores que se transforma en cada bocado ($ 11.900).

Nada mejor que cerrar una enjundiosa comida con un postre épico. Aunque en Tailandia los postres no son una especialidad, en Pad Thai los postres brillan por si solos. Parte de las creaciones del chef, el Black Passion Thai es un bizcocho de cacao relleno de mousse de chocolate bitter 55% y crema de maracuyá servido con helado de maní de la casa y crocante ($4.900), mientras que el Pumpkin Cheesecake , está hecho con zapallo camote y jengibre y acompañado de helado de avellanas y crocantes de frutilla ($4.400). Como premisa probamos el Mousse de chocolate blanco de Té Matcha, recubierto de una delgada capa de chocolate blanco teñido de verde – color debido al té -, acompañado de compota de manzana verde y lemon grass junto a helado de berries. Un postre que próximamente estará incluido en la carta.

Pad Thai.
Av. Manuel Montt 231, Providencia.
Teléfono + 56 2 2264 1957.

BONUS TRACK. Ojo que desde el 11 al 16 de Abril se celebra el Año Nuevo tailandés, así que contarán con un 15 % de descuento en todos los platos con curry.

Fotografías: Pad Thai

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