Bares Experiencias

Casa Brotherwood: las razones del éxito de un bar inusual en San Miguel

La fórmula está en su onda, su estética y su nutrida e interesante oferta de vinos, cervezas, destilados, coctelería y comida. A tres años de su apertura, este proyecto en San Miguel no solo convoca a personas del sector, sino también de diferentes partes de Santiago, por lo que se ha convertido en un destino.


Nicolás Castro es inquieto. Puede pasar un buen rato sentado sin moverse, pero su cabeza está en varios lados. Constantemente está creando. Y así es como ha logrado mantener a su proyecto, Casa Brotherwood, como un hit en San Miguel. Esto, incluso desde antes de, como él la llama, su apertura legal, el 5 de junio de 2023, cuando recibió la patente de alcohol. Previo a eso, estuvo año y medio funcionando en esa casa con 40 años de historia que pertenece a sus abuelos y que queda en la Décima Avenida, en medio de un barrio residencial.

Por fuera nada delata que al cruzar su portón negro se encuentra este restobar con varios detalles en su estética, desde murales hasta etiquetas y portadas pegadas en vidrios y murallas, mientras de fondo suena una buena lista de punk rock y el hardcore creada por él.

Esta aura y su nutrida oferta —tanto de comida como de barra— convoca a personas que viven en esta comuna, pero también de otras partes de Santiago, siendo a estas alturas un destino.

Durante sus tres años de funcionamiento, la carta no ha variado, solo se ha nutrido con nuevas recetas y marcas. Lo que sí, es bastante dinámica entre las opciones de almuerzo exclusivas de los viernes, sábados y domingos —que cambian cada semana— y las actividades que hay, como días de pizzas, de mariscos y las completadas de una vez al mes.

Que no existan grandes marcas dentro de su carta es parte de la esencia de Casa Brotherwood, que se define como un bar a escala local, que apoya a los pequeños productores. El servicio es cercano, y Nicolás y su familia son parte del escenario: su hermano Marcelo está a cargo de la barra y su madre, quien en los comienzos estuvo en la cocina, es una parroquiana más.

Nicolás es publicista de profesión. El 2016 se fue a vivir a Irlanda. Luego estuvo en Londres. A su regreso, en 2018, se certificó de Beer Sommelier. Lo que sabe de vinos lo ha aprendido en el camino. Si bien, durante 14 años asesoró bares y trabajó con grandes marcas, como Kross y El Honesto Mike, siempre quiso seguir en el rubro con lo propio. No con socios, pero sí junto a su familia y en el barrio donde creció y donde vive actualmente. “Estuve mucho rato trabajando como independiente, entonces, era el salto lógico porque todo lo que asesoré fue un éxito, pero ya no quería dar mis sueños, quería crear los míos”, revela.

“La comunidad que se ha creado es muy bonita. La gente viene y reconoce a mi papá y a mi mamá, y eso no se puede replicar. Somos familia”, confiesa Nicolás, aclarando que no podría expandirse ni tener una sucursal porque la magia de este proyecto está en su gente y todo el tiempo que le dedica. También, el corazón que le pone.

La cocina: un mar de sabores.

Desde hace tres años el responsable de los fogones es Emerson Allende, quien estuvo en El Ancla y Casa Lastarria. En conjunto crean varias de las recetas que salen de la inquieta cocina cargada fuertemente al mar, dado que Nicolás lleva más de 25 años como pescetariano.

Hay mariscos frescos, como ostras y almejas, y las clásicas machas a la parmesana. Las empanadas son un boom. Una de ellas es la de Jaiba Queso, una enjundiosa mezcla dentro de una buena masa, que no resta protagonismo.

Uno de sus sellos es el Tartar de Atún, el que viene mezclado con unos cubos de palta y trae aparte mayonesa de la casa, mostaza antigua, pimentón verde, pimentón dil, limón, un ají encurtido entero para trozar y agregar a gusto a esta sabrosa y cremosa mezcla que se puede montar sobre unas tostadas de masa madre que vienen a un costado.

A la carta se sumará un tiradito de bonito sobre una salsa de ají amarillo, bastante untuoso, con un pebre de pera que entrega un contrapunto dulce, merkén para potenciar la base y un toque de maní, que porta crocancia y una recordación thai si se le agrega unas gotas de limón sutil.

En los fritos está The Real Fish and Chips, que consta de 600 gramos de papas fritas naturales —se nota y se agradece— y pescado —merluza o jurel, dependiendo de la disponibilidad— con una buena cobertura.

Los dulces están en el nivel y desde hace ocho meses son responsabilidad de la pastelera Valentina Cáceres. Una muestra de esto son Peras Borrachas, las que están maceradas en vino País y acompañadas de crema de leche con queso azul y helados de higos al coñac, uno de los pocos elementos que no se hacen en el lugar y que provienen de una marca amiga, Gelato di Polo.

La barra: una curatoría de primer nivel.

El repertorio cervecero está compuesto de diez salidas de schop con una rotación intensa, incluso a veces diarias, y 150 etiquetas en lata. En ambos ítems suele haber una decena de colaboraciones, como la Barley Wine realizada con Hasta Pronto, o la premiada Paint in Black, una Imperial Stout con frambuesa y vainilla creada con Zigurat.

En vinos hay una impresionante selección de 340 etiquetas, de las cuales unas 300 son chilenas. De este puzzle, tiene 31 por copa y grandes secciones dedicadas a ciertas variedades como Pet Nat, Pipeño, País (con 22 etiquetas) y una amplia selección de Chardonnay, una de las cepas preferidas de Nicolás. Acá también hay colaboraciones. Actualmente existen cinco etiquetas de este estilo, como las realizadas con Roberto Henríquez (ya lleva tres años), Garage y JP Martin. “La idea es mostrar las uvas patrimoniales para acercar el vino chileno”, explica Nicolás.

La coctelería es un apartado que crean ambos hermanos, mientras que las recetas sin alcohol son exclusivas de Marcelo. Su carta cuenta con más de diez opciones de pisco —entre ellas joyas como Black Heron, Bou Barreta Luxstelle o el descontinuado Lapostolle X.O—, una selección de gines nacionales y extranjeros premiados, además de vermús del mundo como Cocchi y Dolin. A esto se suma una interesante curatoría de sakes, los que también llegan en coctelería y en sour yuzu, donde cambia el tipo que se utilice. Buena espuma, aromático, dulzor marcado, pero en equilibrio con la acidez, es parte de su esencia.

Otro apartado nutrido son los Negroni. Entre clásicos y reversiones suma 14 variedades, dentro de los que hay con mezcal, cerveza, café y uno inspirado en Chile, con pisco y vino blanco Pedro Jiménez Pet Nat de JP Martin. Uno es Don Negroni Papa, nombre por el ron añejo premium filipino, Don Papa, que le entrega oleosidad, cuerpo y aroma, evidenciando que Nicolás sabe de productos, técnicas y no teme jugar.

CASA BROTHERWOOD
Décima Avenida 1229, San Miguel.
@casa_brotherwood

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