
Desde la sierra hasta la selva, de la costa hasta el recetario tradicional, pasando por las influencias de sus más variadas cocinas. Ese es el viaje gastronómico que propone esta marca con más 20 años de historia que abrió en el Mercado Urbano Tobalaba.
Fotografías © Constanza Larrondo
Un viaje de sabor por la costa, la sierra y la selva peruana, donde se rescatan recetas tradicionales, pero también algunas que nacen de las influencias de variadas cocinas como la japonesa —conocida como nikkei—, china —chifa— e italiana. Así se configura la oferta de Embarcadero 41, marca con más de dos décadas de historia que abrió en enero de 2025 en el Mercado Urbano Tobalaba (MUT), en Santiago de Chile.

Esta es la primera casa en el país de esta cadena que cuenta con 14 sucursales en diferentes partes de Perú, cinco en Miami, y una en Ecuador. Acá se instaló con un amplio local en el -2, el que cuenta con dos barras a la entrada, de sushis y de cocktails, además de varias mesas en su primer y segundo nivel, para albergar en total a más de 115 comensales.
Su propuesta se enfoca en el producto, tratado de la forma más purista posible para así realzar su frescura, sin tapar la sazón característica. Las porciones son abundantes, ya que lo que se busca es recordar a la cocina que la inspira. Por lo mismo, las salsas y las bases son elaboradas en el lugar, y a nivel de insumos se utiliza solo reineta, corvina, salmón y atún.

“Este es un restaurante completo porque tenemos una carta amplia, trabajamos los productos frescos para sacar recetas de primer nivel, todo en un ambiente acogedor y con buen servicio”
Jacques Vega, chef de Embarcadero 41.
“Es un restaurante completo porque tenemos una carta amplia, trabajamos los productos frescos para sacar recetas de primer nivel, todo en un ambiente acogedor y con buen servicio”, explica Jacques Vega, chef oriundo de Perú, específicamente de la selva, que ha tenido un marcado paso por cadenas hotelera, además de haber estado en La Mar de Lima y Santiago, el primer Barra Chalaca, la apertura de Panchita y en el regreso de Osaka, todas marcas peruanas de larga trayectoria.
En las entradas se puede encontrar unos Wantanes de Camarones de buena crocancia, gracias a una masa frita y un goloso relleno, donde se percibe la materia prima, que toma otra personalidad si se le agrega una salsa de tamarindo, elaborada por ellos, que le entrega una cuota de dulzor.

Otro son unos Choritos a la Chalaca que llegan en una gran concha y con una base de hielo frappe que le da altura y le permite mantener el frescor a esta preparación en la que el molusco va cocido, por lo que tiene una textura más tersa y un sabor más elegante, haciéndolo más fácil de comer. Va con chalaquita con leche de tigre de ají amarillo para añadir a gusto del cliente.
Dentro de la sección de tiraditos, compuesta de cinco variedades, está el de Leche de Tigre en Salsa de Rocoto. Se trata de una pesca del día cortada en sashimi, en este caso reineta, que se complementa con el frescor de la chalaquita y el toque ahumado, algo intenso, de una palta y camote sopleteado, el que además agrega una nota dulce. Su acidez es marcada y su picor es prácticamente inexistente, algo que se busca por el manejo que se le da al ají.

En los makis hay una docena de opciones, las que vienen con diez cortes de buen porte, los que se pueden mezclar entre dos, para así degustar más alternativas. Uno de ellos es Avocado Tori que va con pollo empanizado, queso crema y cebollín, envuelto en palta con tare (salsa japonesa concentrada dulce y salada por la mezcla de soja, mirin, sake y azúcar) y mantequilla batayaki, la que es sopleteada en mesa, logrando que se derrita y así homogeneizar sus sabores.
También está el Acevichado Roll que tiene en su interior un camarón empanizado y palta, mientras que por fuera hay unas láminas de pescado bañado en una salsa acevichada que lleva una dosis de leche de tigre, lo que le da más capas gustativas y cremosidad.

A esto se suma la sección de Especiales, donde hay sashimi, un gunkan y una variedad de nigiri, como el de Lomo Anticuchero, con una salsa que se siente pero que no esconde el sabor de la carne ni el dulzor y toque de vinagre del arroz.
En la sección de los arroces está el Chaufa Amazónico que viene en una entretenida presentación, dado que en el centro de una olla de metal viene un huevo pochado, que se mezcla en el momento con lo que trae en su borde: arroz salteado con verduras orientales, chorizo ahumado —hecho en el lugar pero con carne y semillas de la amazonía peruana—, plátano amazónico y mariscos. La combinación tiene reminiscencias caseras y reconfortantes, con destellos dulces que sorprenden. Aparte viene una porción de chalaquita, para agregar a gusto, que refresca, aunque se puede pedir con su versión de la salsa unagi, que le da mayor profundidad.

Uno de los más vendidos, es Tacu Tacu con Lomo Saltado, es decir, una mezcla hecha al sartén de arroz y frejol, que lleva encima la tradicional combinación de carne, cebolla, tomate y su jugo. Es una porción generosa de espíritu goloso que te atrapa con cada bocado.
En el mundo dulce hay dos exponentes clásicos: la crema volteada, de textura suave con una generosa cuota de caramelo; y el suspiro limeño, con una buena base de manjar blanco y coronado con un suave merengue.

Para beber, los sour no podían faltar. Está el tradicional, en dos tamaños, que llega con una buena espuma, acidez y punchi preciso, y leve amargor final. También los de sabor, como el de Coca, que son diversos macerados de unos 45 días, por lo que se rescata la esencia del producto, en este caso, controlando su astringencia y logrando equilibrio.
Además de recetas clásicas hay coctelería de autor. Un exponente es Sangrona, que es una reversión de la Sangría, pero que acá va con chicha morada, piña, maracuyá, naranja, concentrado de flor de saúco y Cabernet Sauvignon, que aporta mayor estructura.

Otro es Fusión Perú, que aparece con un encantador color rosa y una espuma consistente, que si bien es en base a whisky, con una madera que se deja sentir, se percibe dulce, por lo que recuerda esa coctelería de la vieja escuela. También lleva maracuyá, un sour mix de naranja y limón, y hielo macerado con Malbec e hibiscus.
En la carta de vinos hay 16 etiquetas, muchas de ellas tradicionales. Dentro del repertorio está Leyda, Errázuriz, San Pedro, Calyptra y Undurraga TH, mientras que en las menos comunes se encuentra Kankana del Elqui. En cepas, se mueve entre tintos, burbujas y blancos, de algunas tradicionales hasta otras no tanto, como Carignan, Montepulciano y Riesling. También hay alternativas por copa, entendiendo que el maridaje es fundamental para potenciar los diversos sabores de Embarcadero 41.
Embarcadero 41
Av. Apoquindo 2730 (MUT), Piso-2, Las Condes.
@embarcadero41_chile

El mejor restaurante de todo el MUT 😍