
Este lugar fue una de las aperturas que cerró el 2025 trayendo nuevos aires al sector. Una propuesta que llega a refrescar la escena con sus sabores, una puesta en escena audaz y ese espíritu de trasnoche que la ciudad pedía.
Fotografías © WhereLunch
Lola, en grande y rojo, brilla en la concurrida avenida Francisco de Bilbao, casi al llegar a Manuel Montt. El nombre, en honor a la panadería española que antes estaba en esa casa, no pasa desapercibido, pues de lejos llama la atención y contrasta con la fachada negra de este bar que abrió en octubre de 2025.
Detrás de este proyecto están Eduardo Cid, ex socio de Bar La Providencia, Esteban Ruiz y Pablo Mely, quienes buscaban crear un espacio que fuese un punto de encuentro con alma verde, que invitara a la desconexión en medio del ritmo frenético de Santiago. Por eso, montaron un lugar con vegetación interior, sillones de terciopelo en el tono, papel mural floreado, espejos y un tragaluz, fuente de aire y luminosidad, que conversara con los ladrillos a la vista de las murallas y el metal negro de la barra que hacen alusión a lo urbano.

De ahí también que su hilo conductor sean los botánicos, tanto en barra como en cocina. La propuesta de cocktails y mocktails de autor fue ideada por la conocida bartender Camila Aguirre, quien se inspiró en diversos parques de Santiago y utilizó diferentes hierbas frescas, flores y frutas locales que se pueden encontrar en estos lugares. Así nacieron seis recetas que desde diciembre son ejecutadas por el grupo liderado por José Nuñez.
Una de ellas es Mediodía en Quinta Normal y está basado en un Spritz, por lo que es refrescante, levemente burbujeante, con un dulzor equilibrado y cierta complejidad, que resulta de la mezcla de vermouth Bianco, syrup de caléndula, espumante y soda. Altura de San Cristóbal, inspirado en un Margarita, es fiel a esa estructura, pero con un final especiado, que deja sentir el licor de naranja, el cedrón y la pimienta rosada con la que es macerado el tequila, que también va infusionado con molle.

Domingo en Bustamante, un tipo Collins, es un pisco infusionado en lavanda, limón y soda, por lo que es ligero, fresco y con un final con cierto amargor. Cosecha del Forestal es una buena reversión de un martini, hecha con gin, dry martini y un toque de ruda, que le da un espíritu herbal. En tanto, Bruma del Bicentenario es la interpretación de un Sour New York, con vino, en este caso Carmenere, que se siente y resalta visualmente por el contraste de una consistente espuma y la otra capa más clara producto de la mezcla de bourbon infusionado con romero y syrup de esa hierba, presente sin invadir, y limón, dándole un elegante toque cítrico.
Por su parte, la cocina es ecléctica, con inspiraciones de varios sabores del mundo. Sus creadores, el chef, Jorge Soto —quien estudió en Perú y trabajó en Hawaii y Nueva York, Estados Unidos, además de algunos restaurantes y bares de Santiago, como Miscelaneo y Galpón Italia—, y su sous chef, Javier Quiroz, la llaman Apapacho Food, dado que los 24 platos tienen un tinte reconfortante, fingerfood y con alguna hierba de protagonista.

Flautas bien puestas, uno de los hits, es de origen mexicano. Se trata de unas masas, hechas por ellos, rellenas con tinga de pollo (carne deshebrada en una salsa a base de jitomate, cebolla, ajo y chile chipotle) que va con un mole —elaborado con 22 ingredientes, entre ellos ají panca, cacho de cabra y cacao al 80%—, pero que al tener menos horas de cocción no aparece con tanta profundidad como el original. Todo esto sobre un guiso de tomate, que lo vuelve más goloso, y cubierto por unos rabanitos frescos, mousse de palta, sour cream, cebolla morada encurtida y cilantro para refrescar. La idea es comerlas con la mano y dejarse envolver por estos sabores definidos, algo más discretos, en especial en el picor.
Haciendo un guiño a Medio Oriente está El Kebab, que es un imperdible. Sobre un pan pita casero va una buena dosis de cordero cocinado con verduras y diversas especias, dando un toque ahumado que queda muy bien con los ajos confitados, la salsa de yogurt, los rábanos encurtidos y la ensaladita de hierbas que incluye menta, un clásico de este estilo de cocina.

En el mundo veggie está La Burrata Japo, que es una fior di latte, de Los Ángeles, con berenjenas glaseadas con miso dulce y maracuyá, pimienta y hojas de albahaca fresca, dando origen a una adictiva combinación. En lo marino y más clásico está el Tiradito del Barrio, es decir, finas láminas de salmón curado nadan en una leche de tigre que va con maíz chulpi, mandarina fresca, rabanitos y clorofila de huacatay, con unas tostadas crujientes para untar.
Chanchito pa’l Wrap es otro de los preferidos por la crocante y sabrosa dosis de pork belly que se eleva con una salsa de maní, a la que se le puede agregar picante de la casa, con cilantro y cebollín fresco para añadir a gusto dentro de un pan pita. En otras palabras, un reflejo de lo lúdica y golosa que es Lola.
Lola Bar
Av. Francisco Bilbao 1315, Providencia.
@lola.bar.cl
