
Con más de dos décadas de vida, este lugar sigue siendo uno de los imperdibles de la ciudad austral, y lo hace con una propuesta sencilla llena de sabor.
Los restaurantes que se convierten en clásicos, los que realmente trascienden, son espacios que conocen a su público, pero por sobre todo se conocen a sí mismos, saben cuáles son sus ventajas, qué es lo que hacen bien, y lo repiten una y otra vez.
Es por eso que cuando uno se topa con lugares que superan las dos décadas, y que además cuentan con una carta acotada, uno sabe a lo que se va, y eso es lo que pasa en El Asador Patagónico de Puerto Natales, una parada casi obligatoria para los visitantes de esta austral ciudad que acaba de ser reconocida por WFTA como Capital Gastronómica Internacional.
El lugar es rústico y acogedor, con un puñado de mesas que, sin importar el día en que se visite, siempre están ocupadas. Cada una de ellas ofrece una vista privilegiada hacia el fogón, donde los corderos al palo no solo protagonizan el menú, sino que también añaden un toque distintivo a la decoración.

Partimos la visita compartiendo su Salmón Ahumado en Frío elaborado en casa, receta familiar donde las láminas de pescado se deshacen en boca, con una textura extremadamente sedosa que mezcla la delicada grasa con una suave nota de humo. Una de las recetas más elegantes de este tipo que hemos probado.
Seguimos con otro plato familiar, el Jamón Crudo, lascas de cerdo curado de intenso sabor y grasa justa, con un largo retrogusto en boca. Una receta que deja con ganas de probar más charcutería de la zona.
Entramos en materia con una parrilla de cortes de vacuno, una Entraña de buen grosor, servida jugosa, bastante sabrosa y con ese rico sabor a grasa y elastina tan propio de este corte.

Más intenso fue el Asado de Tira, que acá es servido en trozo completo (nada de cortes banderita) y que tiene toda la potencia de esta porción con hueso. Algo firme, pero muy complejo en boca, un plato solo para los que disfrutan de los sabores macizos.
Pero la verdadera estrella de este lugar es el Cordero al Palo, trozos mixtos que van desde la suave carne del garrón y la paleta hasta la galleta, trozos de grasa tan crocantes que parecieran un snack salado.
Si de sabor se trata, las costillas son las ganadoras, pues en este corte se juntan lo mejor de dos mundos: la intensidad de la carne pegada al hueso y el dulce sabor de la grasa de un cordero alimentado en pradera. Es que esa es una de las gracias de este animal, su alimentación natural hace que sea dueño de un suave gusto herbal, casi como si fuera aliñado con un toque de menta.

Como buenos conocedores de su público, acá la carta de vinos está enfocada principalmente a etiqueta reconocibles, dominada por tintos de cepas robustas que puedan hacer el peso a la intensidad de sus platos, pero que además logran tener continuidad en un lugar donde los quiebres de stock son cosa frecuente.
Aún así, se las han arreglado para tener algunas opciones más que interesantes, como Maturana Wines y su línea Puente Austral, algunas opciones de Viña VIK y un par de botellas de la más que interesante Viña Gillmore.
Su coctelería va por el mismo camino, con clásicos bien hechos pensados para el cliente de paso, donde la estrella es un calafate sur bastante balanceado, con acidez y dulzor en la medida justa.
Faltan espacios con este restaurante, donde han dejado de lado todo lo accesorio para enfocarse en lo que los hace realmente únicos. Una cocina rústica llena de sabor, sin parafernalias ni maquillajes, sólo con sabores desnudos que se quedan en un espacio de la memoria.
El Asador Patagónico.
Arturo Prat 158, Puerto Natales.
@asadorpatagonico
