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La nueva coctelería trasandina

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La coctelería es parte de la historia cultural de Buenos Aires. La noche, las luces, la bohemia, el arte, desde hace más de 100 años vibra en esta ciudad y los bares son parte fundamental de esa historia. La referencia más antigua sobre coctelería en Buenos Aires es un artículo publicado en el año 1908 en las páginas de la revista Caras y Caretas, época en que por la ciudad ya se podía beber el Pineral, un trago creado en 1864 en Italia, y que llegó junto a los inmigrantes italianos. La primera época dorada de la coctelería fue en los años ’30, pero no fue hasta los años ’60 que tuvo su mayor esplendor. Las décadas siguientes, y dada la situación política del país, la cultura de los bares decayó hasta que en la época del 2000, volvió en un auge que dura hasta hoy.

El año pasado, bares, bartenders, y diferentes marcas de licores y destilados se unieron para crear Buenos Aires Cóctel, una iniciativa que busca refrescar la cultura mixológica argentina, apoyados en la idea de la coctelería es mucho más que una mezcla de bebidas. Este año, el evento que durante el mes de mayo reunió a más de 40 barras y 100 bartenders, hace pocas semanas cruzó la cordillera y trajo a Santiago a dos de sus mejores embajadores, los bartenders Guillermo Blumenkamp – del bar Doppelgänger – y Sebastián Maggi -del bar Shout Brasas & Drinks -, quienes nos prepararon una serie de cócteles de autor inspirados, obvio, en la ciudad de Buenos Aires. La cita fue en el bar Room 09 de Bellavista, ese speakeasy que forma parte del circuito de bares obligado de la capital, en una noche donde ambos mixólogos no solo nos prepararon buenos cócteles, sino también nos contaron las historias detrás de ellos.

Yiya Murano, un cóctel que trae Aperol, vermouth, cassis, jugo de limón, granadina y espumante rosé, debe su nombre a una mujer argentina que se hizo famosa al envenenar con cianuro – que lo mezcló en el té – a tres de sus mejores amigas en 1979. Refrescante y a la vez seco, es parte de la propuesta de Guillermo Blumenkamp, quien también nos sorprendió con Hasta que alguno diga basta, una preparación a base de vino Carmenere, bourbon Bulleit, Kahlua, espumante extra brut y canela en rama, con notas a tabaco, café y fruta negra. Por su parte, Sebastián Maggi, quien instaló su bar en un hotel abandonado del centro de Buenos Aires, hizo lo suyo con cócteles como el Bolonqui, una especie de Old Fashioned menos dulzón, y que viene con Pisco Mistral Nobel, peras a la parrilla, azúcar rubia, bitter de durazno, vinagre de jerez y perfumado con un ramillete de salvia. El Canillita – en la foto superior, el cóctel más vendido en la barra del Shout -, una preparación que combina ron Havana añejo especial, cherry, jugo de piña, limón sutil, tropical spicy red – uno de los almíbares que elabora en su bar – y bitter, viene coronado con un trozo de piña como garnish y es a todas luces un trago de inspiración tiki, dulce y elegante a la vez.

Más información de Buenos Aires Cóctel en bacoctel.com.ar

Fotografía: Planeta Joy.

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  1. Pingback: Una ruta coctelera en Buenos Aires |

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