Vinos que hay que beber

Los Chardonnay de Villard

La bodega de Casablanca ha apostado por esta versátil variedad, la que está presente de manera notable en todas sus líneas.

El Chardonnay debe de tener una de las historias más avisadas de nuestro país. En un principio, allá por los 90 y los dos mil, la madera mandaba, así que lo dejamos reposar durante tiempos ingentes en barricas de primer o segundo uso.

Luego decidimos sacarle la madera, pero mantenerle esa nota láctica que parecía gustar, así que durante varias cosechas la fermentación maloláctica (ese proceso en que el ácido málico del vino se convierte en ácido láctico) fue una obligación.

Pero hay un par de viñas que, mucho antes que fuera tendencia, aprendieron a respetar esta variedad blanca que en nuestras tierras siempre ha estado opacada por la popularidad del Sauvignon Blanc.

Una de ellas es Villard, bodega ubicada en el valle de Casablanca y que hace años viene trabajando con mucho respeto y sentido del terroir esta variedad blanca.

Gracias a este esfuerzo es que ha logrado tener diferentes niveles de vinos elaborados con esta cepa, cada uno con sus cualidades, partiendo por el Villard Expresion Chardonnay 2024, un vino vibrante, de brillante amarillo, una nariz media donde se siente pera y algo de miel, mientras que en boca se mantiene la nota frutal y aparece una suave acidez que lo hace fresco y liviano.

Más tradicional es el Grand Vin Le Chardonnay 2024, un vino de corte más clásico donde se siente una fruta algo más madura y una delicada pincelada ahumada que muestra que una mirada más cálida hacia esta cepa es posible. El resultado es una amplia boca, untuosa y de largo aliento.

Y si de elegancia se trata, su top de línea, el Arganat 2023, es un buen ejemplo de lo que puede dar esta variedad en suelos nacionales. Acá tenemos un vino con consistencia, de un amarillo con destellos oro, una nariz compleja y expresiva donde aparecen aromas a brioche tostado, mientras que en boca muestra una suave acidez que se combina con una fruta fresca y piel de limón amarillo, además de una interesante parte floral que recuerda a la manzanilla.

Notable el trabajo de Villard con esta variedad, pues cada una de sus líneas muestra una cara diferente, un matiz que varía según la etiqueta, desde lo más fresco hasta lo más elegante, sin dejar de lado la versión más clásica.

Los vinos de Villard están a la venta en su tienda online

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