
Es uno de los restaurantes más longevos de la capital, y su cocina muestra un sorprendente vigor, con clásicos bien hechos y algunas innovaciones que lo rejuvenecen sin renegar de su pasado.
La restauración es un negocio de alta mortandad; tres años era la vida promedio de este tipo de establecimiento, según un estudio de hace más de tres lustros que examinó información del Servicio de Impuestos Internos. Y es por eso que los restaurantes que peinan las canas, esos que han conquistado a más de una generación, son realmente escasos.

Uno de ellos es el Palacio Danubio Azul, un lugar que con más de 60 de vida se siente completamente vigente. Lo que ha logrado no es fácil, no sólo por la capacidad de mantenerse constantemente como uno de los más reconocidos restaurantes de este tipo de la capital, sino que además por haber logrado renovar su clientela y encantar a un nuevo público.
Fuimos a visitarlo en horario de almuerzo de semana, y si bien su amplio salón no estaba lleno, si contaba con muchas de sus mesas ocupadas por grupos de comensales.
Nuestra partida fue más que clásica, unos Wantán tradicionales, la típica masa de hoja crocante con un relleno de cerdo, cebollín y jengibre que está en riesgo de extinción en otros lugares del estilo. No hubo sorpresas, pero si mucha evocación.

También compartimos los Summer Rolls, delgada masa de arroz rellena de abundante queso crema, salmón y fideos del mismo cereal que la masa, contundentes, pensados más para los viudos del sushi chileno.
De fondo nos fuimos por los clásicos, partiendo por un Mero al Vapor con salsa de soya y cebollín, receta que ya suma más de 15 años en carta y que probablemente se ha posicionado como uno de los más interesantes meros de la capital, cremoso y con el sabor único de este pescado que inunda el paladar desde el momento mismo de llevarlo a la boca. El cebollín y una nota de soya logran aportar textura y levantar su sabor.

Lo acompañamos con un plato que puede servir como comparsa o como fondo liviano, el Bok Choy esa sabrosa y crocante col de origen asiático que acá es servida salteada junto con ajo y jengibre.
Seguimos con uno de los platos más vendidos de este lugar, la Trilogía PDA, la que recopila los tres grandes éxitos de este lugar, partiendo por un delicado y sabroso Pollo Almendra salteado con champiñón, brócoli, zapallo italiano y cebollín donde predomina un suave y elegante gusto tostado.

El segundo tiempo es el Filete Mongoliano, vacuno salteado con verduras, ají verde y salsa de ají que llegó con el picor justo, una carne al dente y un sabor que trae recuerdos de décadas atrás, cuando esta receta tenía una identidad propia donde cada ingrediente jugaba su papel a la perfección.
El último paso de este triunvirato es el Cerdo Tamarindo y que en Danubio Azul vuelve a retomar el buen camino del agridulce, pues acá nos encontramos con dados fritos bañados con una salsa elegante y balanceada, lejos de las versiones dulzonas y de color radioactivo que abundan en los restaurantes chinos de barrio de la capital.

Además de tener platos clásicos bien logrados, durante la última década este restaurante se ha caracterizado por innovar en los sabores orientales, y así se siente en sus Ravioles de Filete Mongoliano, una deconstrucción de esta receta donde unos delgados sorrentinos vienen rellenos de carne y cebollín, todo bañado por una interesante salsa de verduras salteadas con ají que hacen que la experiencia en el paladar sea muy cercana al plato original.

En su carta de líquidos se nota esfuerzo, con una amplia selección de coctelería clásica y algunas invenciones de autor con marcado carácter primaveral, probablemente desarrollada para aprovechar las tardes en su interesante terraza.
En cuanto a vinos, la oferta es algo limitada, con viñas y cepas clásicas que de seguro encontrarán eco en un público que desea irse a la segura. No sería malo incluir algunas variedades menos conocidas pero que pueden dar una buena sorpresa con esta gastronomía, como Riesling y Gewürztraminer en blancos, y País y Carignan en tintos.

Se entiende que Palacio Danubio Azul se mantenga vigente luego de más de seis décadas de vida, pues es uno de los pocos espacios de la capital que ha sabido rendir tributo a su pasado sin anclarse a este, y que ha innovado en la medida justa para conquistar a un nuevo comensal sin dejar de lado a un público que le ha sido fiel durante generaciones.
Palacio Danubio Azul
Reyes Lavalle 3240, Las Condes.
@danubiopda
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