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Las cepas perdidas de Rapa Nui

Viñedo experimental en casa de Álvaro Arriagada, Isla de Pascua. Foto: © Juan Jaeger

Un notable hallazgo ha permitido soñar con elaborar el primer vino en Isla de Pascua. En las laderas del extinto volcán Rano Kau crecieron de manera salvaje algunas parras que hace poco más de un año fueron rescatadas por dos enólogos y un isleño. El proyecto cuenta con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), trabajo conjunto que ya tiene un viñedo de 8 mil plantas en terrenos de la isla y que permitirá, además, identificar las cepas que sobrevivieron en aquellos antiguos suelos de origen volcánico.

El estallido social de octubre de 2019 y la pandemia del coronavirus no han permitido poner en relevancia uno de los grandes hallazgos vitivinícolas de los últimos años en Chile. Esta vez el foco noticioso nos llevó hasta Isla de Pascua, donde en agosto del año pasado dos enólogos y un isleño rescataron unas 400 estacas de un viñedo que creció de manera silvestre al interior del extinto volcán Rano Kau en la isla.

Volcán Rano Kau, donde se encontraron las parras sin identificar. Foto: © Juan Jaeger

No se sabe aún que cepas son. Las plantas crecieron en una primera fase de manera experimental en el patio de la casa del ex enólogo de la viña Casa Donoso, Álvaro Arriagada, quien vive con su familia en la isla hace poco más de tres años. Mil de estas plantas ya forman parte de un viñedo, que se desarrolla a mayor escala junto con otras 8 mil plantas de Chardonnay y Pinot Noir, ambas variedades con las que se pretende elaborar un espumante en Pascua, un desafío enológico en medio de un clima subtropical, con temperaturas cálidas, alta humedad y vientos constantes, factores poco amigables para el cultivo de la vid.

Después de un temporal de tres días en la isla a fines de febrero de este año, nos juntamos a conversar con Arriagada de vinos y especialmente de las condiciones de la isla para llevar a cabo el proyecto. “Nadie hasta ahora ha hecho desarrollo vitivinícola en Pascua. Prácticamente no existe información. Casi todos están enfocados en el turismo, pero nosotros estamos empeñados en hacer un vino que refleje este clima. Aunque va variando en distintas partes de la isla, tenemos un suelo volcánico fantástico con poca materia orgánica”.

Álvaro Arriagada trabajando en el viñedo de Rapa Nui

Arriagada nos cuenta que para poder explotar la tierra en Rapa Nui había que asociarse con alguna persona de la etnia local. Es por eso que se sumó Poki Tane Haoa, quien puso los terrenos donde se terminó de plantar en octubre de este año. “La plantación está específicamente en “Pu Ika ta’e Hape” sector “Ra’e Paoa”, camino al Ahu Akivi”, nos cuenta Arriagada. “Esto tiene un gran valor histórico para la gente de Rapa Nui, porque la tierra se ha ido trabajado de generación en generación y hoy se abre paso a un inédito desarrollo vitivinícola”.

Además de Arriagada y Poki está Fernando Almeda, ex director enológico de viña Miguel Torres. Los tres son los socios de este proyecto. “Con Fernando nos conocimos cuando yo trabajaba en Casa Donoso en Talca. En marzo del 2017 me vine con mi familia a vivir a la isla y como a Almeda le gusta bucear nos seguimos juntando acá. En agosto del año pasado bajamos hasta el cráter del volcán con Cristián Moreno Pakarati, también amigo e historiador, quien tenía los registros históricos de que los isleños llegaban al Rano Kau a buscar uvas. La expedición nos terminó por confirmar la existencia de esas vides, que crecen de manera salvaje protegidas en aquel lugar de difícil acceso. Sin la ayuda de Moreno Pakarati nunca hubiésemos podido llegar hasta ahí”.

El proyecto cuenta con recursos de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), que además de haber financiado los costos de adquisición y traslado desde el continente del Chardonnay y el Pinot Noir, posibilitará el viaje de un ampelógrafo que determine la variedad o variedades que se rescataron desde el Rano Kau. Arriagada nos especifica que hay uvas tintas, blancas y rosadas, pero que no logra entender si es por un tema de madurez o una característica de la variedad. “Por el momento no es un tema que nos apure. Estamos enfocados en mapear cada proceso para aprovechar eficientemente los recursos que disponemos”.

Álvaro Arriagada en su vivero junto a las parras sin identificar. Foto: © Juan Jaeger

No hay certeza del origen de las vides en Isla de Pascua. Según Moreno Pakarati las plantas que crecieron en las laderas de volcán Rano Kau tienen entre 100 y 140 años. “Hacia 1860 llegó una misión del Sagrado Corazón proveniente de Francia. Ellos tenían problemas para celebrar sus oficios religiosos, porque no contaban de manera regular con vino para las ceremonias. Es muy probable que para sortear esta escasez los barcos que llegaban desde Valparaíso trajeron estacas pensando en la producción local de vino. Esta es una de las teorías que existen para explicar el fenómeno”.

Mientras el clima, los suelos y la mano del hombre van moldeando este notable hallazgo a más de 3 mil kilómetros del continente, Arriagada comparte en un grupo de catas que llamaron Chevaliers du Bouchon, donde también participa Cristián Moreno Pakarati. Su trabajo como distribuidor de licores en la isla le ha abierto la puerta a más viñas y pequeños productores de vino que cada semana se catan a ciegas entre los distintos bebedores. “Seguramente en unos años más estaremos descorchando nuestro propio vino y un espumante”.

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