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Un Laberinto personal

laberinto_2011_

Partimos con buen pie este año, y como no, si la primera cata vertical – mismo vino, distintas añadas, en este caso 2007 y 2011 al 2014 -, fue el mejor ejercicio para darnos cuenta qué clase de Sauvignon Blanc hay en Chile. Pues bien, no es de Leyda, Casablanca o Limarí, tampoco del sector costero de Colchagua. Este blanco proviene del sur, del Valle del Maule. “Desde siempre sentí que este era un lugar especial”, son las palabras de Rafael Tirado, para hablar acerca de los viñedos que posee en la precordillera de Los Andes, a orillas del lago Colbún, a 600 mts de altura, los cuales siguiendo su instinto, corazón y locura, están plantados en forma de laberinto, con el fin de lograr todas las exposiciones al sol. Pero quizás lo más importante, es que todo el trabajo puesto en este proyecto, genera el resultado esperado y aún más, pues Laberinto Cenizas de Barlovento Sauvignon Blanc, es un gran vino que habla por sí solo: mucho carácter y complejidad aromática, sumado a una personalidad fresca, vibrante y de final largo, que muestran tanto el talento y pasión del enólogo, como también de ese terruño especial, ese lugar del cual “nadie se pudo imaginar”. Una realidad que se posiciona como una nueva línea de blancos en Chile y que demuestra que esta cepa no solo vive de los valles clásicos, sino más bien, de las propuestas novedosas e intrépidas que esta larga franja de tierra puede ofrecer.

Y comenzamos con la cosecha 2007, aún viva e intensa, la que muestra notas a frutos tropicales, flores blancas y una mineralidad que luego explota en boca, consecuente con una rica expresión frutal, exquisito y alucinante. Luego nos saltamos 3 años, debido a la vida misma del enólogo, pues es totalmente cierto cuando hablamos de un vino de autor. Entonces el 2011 llega a nuestra copa, con sus tintes verdosos y aromas a hierbas de la huerta, como ruda, ajenjo y lavanda china, con su innegable mineralidad y una boca muy fresca, de final largo y con retro gusto a cítrico amargo.

Poco después, el 2012 viene con una carga aromática más discreta, en donde encontramos frutos secos, flores de azahar y notas cítricas, con una boca que sigue la misma línea, de acidez marcada y equilibrado. Al llegar al 2013, apreciamos una explosión aromática, donde aparecen el limón y manzana verde fresca y jugosa, acompañados de especias y flores dulces, el cual en boca se presenta vibrante, mineral y llenador, con muchos años aún por delante. Finalizamos con su última añada 2014, la cual también sorprende por su potencia tanto en nariz como en boca, donde abundan las frutas tropicales como maracuyá, guayaba, y notas verdes que equilibran la ecuación. Con una boca aún angulosa, recomendamos esperar para beber o sino decantarlo, pues le haría bastante bien.

Luego de esta experiencia, más que sorprendidos, quedamos impactados, debido a la potencialidad de nuestras tierras para construir vinos con carácter único, lo que nos muestra que todavía nos falta mucho por descubrir. Y a nosotros por probar.

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