
Hay productos que necesitan una campaña millonaria para explicar quiénes son. El café ecuatoriano, en cambio, tiene un problema bastante más sencillo: todavía no nos hemos dado cuenta de lo que tenemos entre las manos.
Porque mientras seguimos hablando del café como si fuera simplemente una bebida para despertarnos, Ecuador lleva algunos años construyendo una historia bastante más interesante: productores que están jugando en las grandes ligas del café de especialidad, variedades con identidad, territorios protegidos, cafeterías que empiezan a mirar al origen y una generación de baristas, tostadores y productores que está cambiando la conversación. ¡Ojo! esto no es cuento y no lo he inventado yo.
Ahí están Pepe Jijón, de Finca Soledad, en el Valle de Intag y Juan Peña, de Hacienda La Papaya, dos nombres que hoy son reconocidos dentro del circuito internacional del café de especialidad. Dos caficultores que han ganado el Sprudge Awards, la red de medios sobre cultura de café de especialidad más popular e influyente del mundo, como productores destacados. Peña por tres veces consecutivas y Jijón una vez. Aquí empieza lo interesante de la historia.
Ecuador no tiene que copiarle el libreto a nadie.

Tenemos café en Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos. Tenemos alturas, microclimas, suelos, variedades y productores con historias completamente diferentes. Ecuador es, en ese sentido, un pequeño laboratorio cafetero en el que tenemos café con mucha identidad. Existen dos denominaciones de origen: Café de Galápagos y Lojano Café de Origen. La DO de Loja fue otorgada en 2019 y protege las características y la procedencia del café producido en la provincia; la de Galápagos reconoce un producto condicionado por un territorio absolutamente singular.
Eso no es un simple sello bonito para poner en una funda. Una DO dice algo mucho más importante: este café sabe a este territorio y ese territorio tiene derecho a contar su propia historia, y en ese escenario aparece Quito donde la cosa se pone todavía más sabrosa.
Quito no es solamente la ciudad desde donde hablamos del café ecuatoriano. Quito también produce café dentro de su Distrito Metropolitano, en parroquias como Nanegal, Nanegalito, Tulipe y Pacto en pleno territorio del Chocó Andino.

Hace años que especialistas y medios especializados vienen destacando esta particularidad de la capital ecuatoriana: producir café dentro de su propio territorio, y aquí tenemos una historia que todavía no hemos sabido contar suficientemente bien. Mientras en otras capitales del mundo uno tiene que subirse a un avión para llegar a una finca cafetera, en Quito puedes tomar café de especialidad producido dentro del mismo territorio metropolitano. Eso es brutal.
Es biodiversidad, agricultura, turismo, gastronomía y conservación metidos en una misma taza porque el Chocó Andino cuenta con una personalidad cafetera que merece ser contada desde el territorio. Allí encontramos variedades como Typica y Caturra, junto a otros materiales que forman parte del paisaje cafetero del noroccidente quiteño.
El café también se bebe en la cerveza

Y si alguien todavía cree que el café ecuatoriano solamente sirve para preparar espresso, filtrado o cappuccino, que le pregunte a Sinners Microcervecería. Su Cappuccino Sweet Stout, elaborada con café de especialidad ecuatoriano, fue reconocida en los World Beer Awards 2024 como World’s Best Flavoured Chocolate & Coffee, convirtiéndose en la ganadora mundial de esa categoría. Traduciendo: Ecuador produjo café, produjo cerveza y luego Andrian Romero de Sinners y David Miño de Legazy tuvieron la locura, la genialidad, de juntar los ingredientes.
Quito vuelve a poner la taza sobre la mesa
Ahora llega otro capítulo. Quito se conviertió en escenario internacional del café. The Global Coffee Fair colocó a la capital ecuatoriana en el centro de la conversación mundial alrededor del café, conectando origen, negocios, cultura, innovación y experiencias. Además en la capital se anunció el ranking internacional de The World’s 100 Best Coffee Shops, nuevo listado de las mejores cafeterías de Sudamérica.

La lista reunió a 18 cafeterías de Perú, 15 de Ecuador, 13 de Chile, 12 de Colombia y de Brasil, 10 de Argentina, 8 de Bolivia y Venezuela, 3 de Uruguay y 1 de Paraguay. Esta distribución refleja la diversidad de una escena cafetera sudamericana en rápida evolución, en la que la tradición de los grandes países productores convive con nuevos proyectos de tostado, cafeterías de especialidad y experiencias centradas en el consumidor final.
El primer puesto se lo llevó Eco Mapu Coffee, de Villarrica (Chile), un proyecto de café de especialidad, centrado en la trazabilidad, el vínculo directo con los productores y la experimentación, con una propuesta que incorpora además sabores tradicionales del sur de Chile. En segundo lugar, FANKØR, de Quito, que combina tostaduría, cafetería y propuesta gastronómica con apuesta al producto de origen y la trazabilidad y el tercer puesto correspondió a Differente Coffee, de La Estrella (Colombia), ubicada en el Eje Cafetero y estrechamente vinculada a la cultura y los cafés de origen de la región.
Aquí hago una pausa, porque esto ya no solamente se convirtió en una feria, se convirtió en el punto de partida para que Quito deje de ser únicamente la ciudad que consume café y empiece a ser reconocida como una ciudad que produce, transforma, comunica y piensa café, y esa diferencia es enorme. El verdadero desafío está en los ecuatorianos y ahora viene la parte incómoda. No basta con tener a Pepe Jijón o a Juan Peña, no basta con tener Loja, Galápagos, el Chocó Andino, productores extraordinarios, baristas talentosos o una cerveza premiada en Londres.

El problema del café ecuatoriano sigue siendo que muchas veces nosotros mismos no sabemos vender la historia que tenemos. Seguimos hablando de “café ecuatoriano” como si fuera una categoría genérica, debemos hablar de territorios de fincas, productores, variedades, procesos, biodiversidad, de historias y sobre todo, de sabor. Porque un café de Intag no tiene por qué contar la misma historia que uno de Loja o de Galápagos o la misma narrativa que uno del Chocó Andino.
En cada una de las cafeterías del Ecuador que trabajan con café ecuatoriano de especialidad deben explicarle al cliente qué es lo que está tomando y de dónde viene. He ahí la verdadera revolución.
Pasar del café como commodity al café como identidad porque Ecuador tiene algo que muchos países cafeteros matarían por tener: una geografía pequeña, pero extraordinariamente diversa, café en sus cuatro regiones, territorios protegidos, denominaciones de origen, productores reconocidos internacionalmente, variedades, innovación y una nueva generación que está haciendo las cosas de manera distinta y eso Quito lo puso todo en una misma mesa.
Así que la próxima vez que alguien diga que Ecuador es país de cacao, banano, camarón y flores, habrá que agregar una línea más, también somos país cafetero, y cuidado, porque una buena taza de café no solamente despierta. También puede despertar a un país.
