
Como una de las aperturas más frescas del Mercado Urbano Tobalaba, este espacio despliega una propuesta juguetona, libre de etiquetas y barreras. Detrás del proyecto está la familia de Susana Schnell —ex Zanzíbar— y el chef francés Laurent Pasqualetto.
Meli Meló es un juego de palabras francesas que equivale a decir “un poco de todo”. Una expresión lúdica y libre de forma, esencia de este nuevo restaurante ubicado en el Mercado Urbano Tobalaba (MUT). Por eso su nombre. También porque representa a la familia que está detrás: su creadora Susana Schnell, fundadora del extinto Zanzíbar en Borderío, y sus hijos, Maxime, Roxanne y Alex. Un popurrí multicultural, considerando que acá hay lazos europeos y raíces norteamericanas y latinas.
Cuando pensaron en este proyecto los socios decidieron que los fogones debían estar a cargo de Laurent Pasqualetto, chef que ha liderado las cocinas de The Singular Hotels y Hoteles Explora. Con él trabajaron una propuesta de cocina urbana de mercado que respondiera a lo local, al insumo, para ser un recetario libre, sin etiquetas de origen ni barreras.
“Queríamos combinar una familia con mucha pasión y un chef con oficio. No son preparaciones tan sofisticadas, sino que se centran mucho en el sabor, sin tanto artificio, para que sea lo más honesto posible y que se sepa lo que se está comiendo ”

“Queríamos combinar una familia con mucha pasión y un chef con oficio. No son preparaciones tan sofisticadas, sino que se centran mucho en el sabor, sin tanto artificio, para que sea lo más honesto posible y que se sepa lo que se está comiendo. Esto nació del aprendizaje de Zanzíbar porque esa era una cocina para ocasiones y acá queremos que sea cotidiano, de la mañana a la noche”, explica Susana.
En conjunto se creó un menú pensado para todo el día. Por eso, hay opciones dulces de la mañana a la noche, brunch y en la tarde alternativas de comida, que son las mismas del almuerzo. Eso sí, cada plato es un mundo democrático de sabor, donde una entrada o un acompañamiento puede convertirse en el centro, pues se trata de una cocina directa, bien ejecutada, que tiene su sello, en la que cada receta tiene un toque especiado o un ingrediente que la hace única. “Busco poner en valor el sabor de cada producto y que fuera propio, identitario del local”, detalla Laurent.
Del día a la noche, cocina sin etiquetas.
El aura del local va cambiando a medida que avanza el día, por lo que entra en sintonía con el ritmo de la ciudad. Su estética urbana se mezcla con la madera, el verdor de las plantas, con una cocina a la vista y una barra protagonista que da la bienvenida.

Tanto para el almuerzo como para la cena se puede disfrutar de unos Chipirones, no muy comunes de encontrar en las cartas de Santiago. Vienen salteados con ajo, perejil y limón, dando origen a un elegante y potente sabor, con un caldito para cucharear y que te anima a pedir un Canasto, con alioli y pan de masa madre de La Popular, que hace el match perfecto.
También hay un Tártaro de Trucha, cortada en cubos, con pistacho tostados y una base cremosa de cítricos y especias, que le da un toque mediterráneo y cierta profundidad que conversa con su frescor.

Saliendo de lo marino hay un fantástico Filete Laminado que llega en su punto, con la presencia justa de sal, que es un verdadero placer que se complementa con salsa verde. Se suma un Ave en Costra de Semillas Tostadas, algo pasado de punto, con una tártara de cúrcuma que le sube los decibeles. Ahora, si se le agrega unas gotas de limón toma otro estilo.
En las pastas está la Siciliana, hecha al bronzo, por lo que tiene una superficie rugosa que permite que la salsa se adhiera mejor. En este caso una buena dosis de tomate, berenjena dorada, ajo, albahaca y pecorino, que le da más potencia.
Las Zanahorias Doradas son una alternativa vegetariana que pueden sonar simples, pero están llenas de sabor, pues llegan al dente, con el dulzor preciso y un toque picante, mientras que un yogur griego ayuda a refrescar. Un plato en sí solo.

En el mundo dulce hay una golosa Tentación de Chocolate Belga, inspirada en el clásico fondant, con un centro cremoso y un borde crocante, con un turrón de frutos secos que sigue marcando esa personalidad especiada.
Su carta de vinos cuenta con 20 etiquetas —De Martino, VIK, Von Siebenthal, Matetic, El Principal, Garcés Silva, entre otras—, las que irán variando y tendrá un destacado del mes. Están disponibles por botella completa y media, además de por copa.
Repensar los clásicos, sin complicaciones

La coctelería de autor ha sido desarrollada por Jhonssen Pérez, quien estuvo a cargo de la barra de Zanzibar. La idea es repensar los clásicos y lograr sabores simples, muy en línea con la propuesta. El resultado son creaciones con personalidad y equilibradas. Así nace De Aquí y de Allá —en honor también a las diversas raíces de la familia— que es una inspiración de un Paloma, pues lleva tequila, guayaba, pomelo, limón, bitter de pimentón y unas gotas de mezcal, que le regala un toque ahumado que conversa con el dulzor y su espíritu tropical.
Otro es Matcha Vibrante, que tiene el nombre bien puesto, dado que cuenta con esa efervescencia que lo hace más juguetón y refrescante, que va bien con lo especiado de un ron añejado, la acidez del maracuyá y la astringencia del té que le da el nombre.

La lista sigue con Averno Urbano, uno de los hijos del proyecto anterior, que llega a lucirse por la combinación de whisky, mango, limón, syrup de merkén, solución salina y un poco de Campari, por lo que es picante con un leve toque dulce.
Algunos de los cócteles se pueden pedir en su versión mocktail. Uno es Sin Apuro, a base de vodka Pears, vermut blanco, limón, pepino, rica-rica y tónica, teniendo un carácter herbal y particular, que logra llegar igual en su versión sin alcohol, siendo un ejemplo que Meli Meló sí es un poco de todo. Y rico.
MELI MELÓ
Av. Apoquindo 2730 (MUT), Piso 3, Las Condes.
@melimelo.restaurante
