Entrevista TIM ATKIN

“Los jóvenes enólogos deben seguir luchando, porque hay espacio para los vinos que están haciendo”

Master of Wine, periodista y escritor, Tim Atkin ha sido un testigo privilegiado de la evolución del vino chileno. Comenzó visitando nuestro país hace casi cuatro décadas y desde ese entonces no ha parado de recorrer – y probar – nuestro chile vitivinícola.

Tu primera visita a Chile fue a inicios de los 90, el cambio desde ese entonces a ahora a sido brutal.

Llegue por primera vez a Chile después del plebiscito. En esa época sólo había nueve bodegas exportadoras: Miguel Torres, Santa Carolina, San Pedro… los de siempre.

La mayoría estaban en el Valle de Maipo y algunos en Curicó. Casablanca casi no existía, ni Leyda, ni San Antonio; Elqui sí, pero más para Pisco. En el norte y del sur extremo, nada.

En esa época estaban todos con la línea de Parker, con vinos más maduros y con mucha barrica.

Si, muchos vinos de ese tiempo estaban influidos por ese estilo, pero en Chile no habían muchos enólogos que pudieran escucharlo, así que si bien tuvo influencia en Chile, no creo que haya sido tanta como en otras partes del mundo.

¿Cómo has visto la evolución del vino chileno a través de todos estos os?

En general muy positiva. Hay muchas más bodegas ahora que en el pasado y también en muchos más lugares.

Hacia la costa, hacia los Andes, hacia el sur, hacia el norte. Entonces, es una industria, si podemos hablar de una industria, mucho más diversa que hace cuarenta años donde estaba casi todo enfocado en Santiago y Curicó, sin nada al sur.

Además ahora existen una serie de enólogos jóvenes que hacen vinos diferentes fuera de las grandes bodegas y que además juegan con nuevas herramientas como los huevos de concreto y de granito, las ánforas y los galileos. Eso da como resultado vinos diferentes y le da más diversidad al país.

¿Algún consejo a los jóvenes enólogos?

Seguir luchando, porque hay un mercado para estos vinos.

Y hay que subir el precio, porque el precio de salida de Chile por caja no no ha cambiado en treinta años, veintinueve dólares FOB por caja, y así era así hace más de treinta años. No ha cambiado nada, y eso es muy triste, con todo lo que ha cambiado la industria chilena en estas últimas dos décadas.

Yo escribí un artículo en 2010, hace quince años, Towards a New Chile, donde hablaba del nuevo Chile y todavía estamos esperando esa revolución en variedades, estilos y precio. La mayoría de los consumidores locales de vino chileno no se dan cuenta de esto.

Eh, también en estos últimos años ha habido una explosión de Ferias de Vinos acá en Chile. Buena cosa.  ¿Te parece que están bien? Depende de cuánto cobran. Nadie se hace rico con las Feria de Vinos. Deberían ser accesibles a la gente pues es una muy buena manera de comunicar el vino.

Lo otro es que ocupen las redes sociales, por que cuesta poco y ayudan a emparejar la cancha con las grandes bodegas.

Hablando de las Ferias de Vinos ¿pueden estas ser un camino para crecer en el consumo interno?

Es una muy buena forma de comunicar qué es el vino: hablar de la historia y el paisaje que están en torno a cada botella. Es increíble las historias que tienen los viñateros, gente que llegaban de Croacia a Punta Arenas con nada.

Entonces, todo esto permite hablar con las personas que trabajan en el mundo del vino para entender y escuchar sus historias familiares, de sus raíces y de sus tradiciones.

«Una feria de vino es una muy buena forma de comunicar qué es el vino: hablar de la historia y el paisaje que están en torno a cada botella»

¿Por qué crees que, en un país que es una potencia mundial en vinos, casi no tenemos espacios en los medios para hablar de ellos?

Casi no hay periodistas locales serios porque no pueden vivir de eso. Yo, gracias a Dios, vivo de eso publicando mis propios informes. Perdí mi columna en un periódico, The Observer, hace quince años. Entonces, tuve que cambiar de rumbo, en ese sentido.

Entonces, dije: ¿Porqué no hacer informes especializados sobre los países que conozco bien y que me gustan?, y así surgió un nuevo modelo.

Igual acá hay gente que hace un buen trabajo, como Pato Tapia con Descorchados y La Cav, con su guía Mesa de Cata.

Si tuvieras que irte a una isla desierta ¿Qué vinos chilenos te llevarías?

Me llevaría vinos que tengo en mi corazón. Partiría con Tara Chardonnay porque fui uno de los primeros en ir a Huasco y probar lo que se estaba haciendo por allá.

Un vino de Leo Erazo, Amigo Piedra, que sacó máxima puntuación en mi reporte.

Y el último, el Riesling Laberinto de Lago Ranco, porque el lugar me encanta. Y si pudiera poner un cuarto, me llevaría el Grus de Alcohuaz.

Todos estos son lugares que me encantan, no sólo por sus vinos, sino por su paisaje.

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