
Rodrigo Muñoz y Yerson López, el primero a cargo de la cocina, el segundo a cargo de la barra, son la dupla inquieta que aquí muestra talento y disciplina, en un ejercicio creativo que ya quisieran otros bares de la capital.
Cambiar la propuesta de un bar de estilo callejero tiene sus riesgos. En este lugar, cuyo nombre además evoca un simple sitio para calmar el hambre, lo están logrando con una apuesta desenfadada que, sin embargo, esconde una carta creativa y de gran sabor.
La historia de Club Gordos comenzó en 2017 como un bar gamer que ofrecía hamburguesas, chorrillanas y cervezas. Ya por entonces, tenía ese estilo under, un recurso que definiría su sello. Hace casi un año, su propuesta cambió con la llegada de Rodrigo Muñoz y Yerson López, quienes asumieron la misión de sacar a este lugar de la casilla del típico fast good.

“Este es un proyecto que va más allá, con mucha mayor identidad de la que se nos percibe”, nos cuenta Muñoz. Su experiencia comenzó en las cocinas de Tanta y Madam Tusan, para luego pasar a los extintos —y premiados— 040 y Olam, restaurantes que fueron su escuela bajo la dirección del reconocido chef Sergio Barroso. López, en tanto, estuvo en la barra del Room 09, Piso Uno y, antes de aterrizar aquí, en Galpón Italia junto al destacado bartender Yefry Avilera.
Este background puede que ya sea suficiente para hacerse una idea de lo que hay tanto en cocina como en barra en este local donde abunda el grafiti y las luces de neón. El espacio tiene una atmósfera under, como si estuvieses recorriendo alguna calle del Bronx. Pero es Vitacura (la marca cuenta con otros locales en Santiago y regiones), y este inusual bar es una rareza que impacta más por lo que llega a sus mesas que por su estética.

Gran parte de su cocina es una reversión de clásicos en formato finger food con recetas que parecen salidas de distintas calles del mundo, como cuando la cultura pop se cruza con sabores globales.
Una mezcla de sabores, a ratos algo ecléctica, se aprecia en preparaciones como unos Arancinis atomatados que coquetean con lo asiático, montados como si fuesen nigiris y coronados por un tataki de atún en ponzu y emulsión de palta cítrica. Otro ejemplo es un Tartar de vacuno trufado y cortado a cuchillo cuya clave está en que viene ya servido sobre una crujiente tostada de pan de papa.

Hablamos de platos para poner al centro, tal como ocurre con su serie de Tostas, atómicas, con una base de masa de empanada frita – a diferencia de la tradicional tortilla de maíz frita- y que tienen entre sus mejores exponentes la versión a base de chorizo artesanal, cebolla caramelizada, jalapeño encurtido, lactonesa trufada y salsa brava, o la muy pop, camarón al wok y crema de nachos.
Un apartado de hamburguesas completa la carta, donde una buena opción es la Supreme Bite: doble smash burger con una carne de costra crujiente y de bordes rotos, de interior jugoso y sabroso. Viene acompañada de cheddar chipotle, mermelada de tocino y kimchi jengibre.

Su propuesta de coctelería se basa en tragos con baja graduación alcohólica, ligeros, minimalistas, con perfiles muy definidos y que se centran en lo importante: el sabor.
Desde la barra, Yerson López despacha una serie de notables cócteles que le deben tanto a la técnica como al ingenio. Bajo una carta conceptual que tiene como eje la cultura urbana, tan cosmopolita como el playlist que envuelve el ambiente, el minimalismo prima en su fórmula, contrastando con la sugerente puesta en escena del lugar.

Siguiendo esa corriente que hace rato se está tomando a los bares del mundo, aquí la ligereza es sinónimo de frescura y un perfil herbal, levemente picante y salino en Off The Wall, mezcla de gin Tanqueray Ten, cordial de eucaliptus, ginger beer, solución cítrica y bitter creole.
El Club reinventa el concepto Higball. Lleva Johnnie Walker Black Label, cordial de miel de ulmo con frutilla y solución cítrica, completado con soda. Un cóctel con la prestancia de un signature cocktail, ahumado, levemente dulce y con un toque ácido,

Otro imperdible, y considerado uno de los «caballitos de batalla» del lugar, es el Money Man. Este cóctel mezcla Tanqueray Bossa Nova, cordial de lychee, pimienta Sichuan y soda de frutilla. Una vez más, el resultado es pura ligereza y frescura, un sello distintivo de la barra de este bar.
Club Gordos es mucho más que un nombre irreverente y una fachada urbana. Es la prueba de que el talento y la ambición de un equipo pueden transformar la informalidad de un street bar en una experiencia gastronómica de buen nivel.
Club Gordos (Vitacura)
Av Vitacura 4607, L. 12A, Vitacura.
@clubgordos
