
El restaurante de Isidora Goyenechea estrena una nueva propuesta a cargo del chef Giancarlo Mazzarelli, donde los sabores y las técnicas orientales de a poco van tomando protagonismo.
Hay restaurantes que son una verdadera rareza, lugares que han logrado hacer un cambio de piel y hacer de la metamorfosis una virtud. Ese parece ser el caso de Oporto, un restaurante que en su primera etapa nació como un lugar donde brillaba la cocina mediterránea, luego cambió a ser una casa de carnes y ahora acaba de mutar nuevamente.
El responsable de esta nueva transformación es el talentoso chef Giancarlo Mazzarelli, quien años atrás fue el responsable de los mejores años de Puerto Fuy y de la puesta en marcha de uno de los primeros steakhouse de lujo en Santiago, el Ox.
Ahora, y luego de una peregrinación por Bali, este cocinero toma los fogones del Oporto para darle una nueva vida, donde los aires orientales y marinos se sienten en cada una de las secciones de su carta.

Partimos la visita revisando parte de su carta de picoteos con el Tiradito de Ostiones Glaciares, sabrosos bivalvos sin coral traídos desde la Patagonia, de carne tierna y levemente dulce, servidos en láminas y montados sobre una chalaquita, con alga china y una leche de tigre algo cítrica.
Seguimos con el creativo Árbol de Wonton, compuesto por tres dumplings rellenos de flat iron de Angus braseado y tres de camarón nacional, ambos dueños de una fina masa crocante y un relleno intenso, tanto por el lado marino como por el lado terrenal.

También pedimos el Salmón Furai, tártaro de pescado aliñado con salmón, jengibre, soya, aceite de sésamo, ciboulette y chile dulce, todo montado sobre una rectangular, compacta y crocante croqueta de arroz frito que ganó en sabor por sobre el tartar.
Además de su carta de platos, este lugar cuenta con una opción diaria al almuerzo, recetas servidas en corto tiempo y con precios acotados que sirven como una alternativa a los ejecutivos del sector. El día de nuestra visita había unos cremosos ñoquis con carne braseada servidos con una mezcla de bechamel y una ligera salsa de tomates casera, un plato honesto y que pese a sus ingredientes se sintió liviano.

De su carta de autor pedimos el Arroz Nikkei, granos salteados cargados al jengibre servidos con trozos de salmón en cocción justa y con un tentador tentáculo de pulpo glaseado, un mix que se siente balanceado en su nota marina.
Terminamos con una clara muestra de intenciones, el Filete Patagónico, carne a la parrilla servida con ostiones patagónicos sobre espárragos tiernos grillados y un mix de algas: wakam, nori y chapsui (esas algas chinas que todos probamos en algún plato de ese origen), todo con un demi glace de carne y algas. Un gran plato que desborda umami.

Como todo lugar sofisticado, acá la carta de cócteles hay que tomarla en serio. Se encuentran en pleno proceso de implementación de su nueva propuesta, y a cargo de la parte creativa está el cronista gastronómico Daniel Greve, periodista con dilatada carrera en el mundo de los destilados.
En cuanto a vinos, dominan las etiquetas clásicas, aunque hay un espacio para etiquetas menos comunes como el Tannat y algunas botellas de ensamblajes premium y vinos íconos, una sección cada vez más difícil de conseguir en restaurantes.
Están pasando grandes cosas en Oporto, que ahora suma el apellido «Salvaje». Y no es solo por la cocina creativa y aterrizada de su chef, ni por la prometida coctelería. Es porque el lugar está creando una variedad de experiencias en diferentes espacios, desde tardes de tapeo, noches de cocina de autor y almuerzos ejecutivos 2.0. Una propuesta coherente que pareciera hacer falta en el sector.
Oporto Salvaje
Isidora Goyenechea 3477, Las Condes.
@oportosalvaje
