
Este pequeño lugar de raíces chilenas tiene todas las ganas de traer los sabores del Maule a la capital, y lo hace con recetas honestas donde la técnica está al servicio del producto.
En gastronomía los barrios son importantes. Estamos en una ciudad de guetos gastronómicos, de micro zonas que por derecho propio se han convertido en polos bohemios, desde Bellavista hasta Alonso de Córdova.

Hay zonas que tienen todo para convertirse en nuevos espacios, como es el entorno de la plaza Guillermo Franke ubicada en la intersección de las calles Miguel Claro y Sucre, un sector que años atrás gozó de cierta fama culinaria gracias al San Remo y sus arrollados o al Muqueca y su comida brasileña.
Hoy, cuando los dos mencionados están cerrados desde hace años, hay un pequeño emprendimiento que tiene las ganas de retomar el espíritu gastronómico del barrio: Cote Amaye. Con pocas mesas, este es un lugar hecho con cariño e ingenio, y eso se nota desde su decoración hasta en su carta que busca poner en relevancia los productos de nuestro sur, en particular los del Maule.

Su carta es de estación, con la gran mayoría de platos fijos, aunque siempre dependiendo de los caprichos del mercado. El día de nuestra visita estaba en carta un tentador Gravax de Lisa, un pescado que tiene la particularidad de vivir en la desembocadura de los ríos y que acá, luego de pasar por un curado de 48 horas en una mezcla de sal y azúcar, se sirve sobre un dulce de manzana, una combinación con una cara demasiado potente que sólo se suavizó gracias al azúcar.
Seguimos con unas Machas a la Parmesana, suaves lenguas cubiertas por una rica mezcla de quesos aliñados y servidos con una acertada reducción de vino blanco. Una receta clásica que acá logra tener personalidad propia.

Uno de los platos estrella de Cote Amaye es el Paté de Campo, una sabrosa preparación con una textura tan aireada que casi parece un mouse y que se expresa de mejor manera al combinarlo con las láminas de manzana deshidratada que lo acompañan. Lo mejor es que lo tienen también a la venta para llevar.
Una opción sin carne es la Berenjena Asada, un proto Baba Ganoush con un rico sabor ahumado que sorprende en el paladar al combinarlo con unos acertados gajos de naranja y las pinceladas de yogurt griego que lo acompañan.

El primer fondo que probamos fue la Pesca del Día, un sabroso filete de Corvina. al que le faltó unos minutos más en plancha, cubierto con una salsa de mariscos intensa, con cremosos trozos de pulpo y unos choritos en su concha; todo acompañado por unas sabrosas papas fritas.
Otro plato notable son los Ravioles de Conejo, pasta delgada, al dente y rellena por una suave carne de notas herbáceas que combinan a la perfección con una salsa blanca y una reducción de carmenare que los baña.

El último fondo fue uno que tiene todo para convertirse en un placer culpable, la Carrillera al Vino, suaves trozos de carne de increíble textura e intenso sabor montados sobre una cremosa polenta bien ligada y que venía flanqueado por unos vegetales grillados que estaban sabrosos, pero que realmente no eran necesarios.
El final dulce vino de la mano de una Pera al Vino Tinto bien lograda, con una fruta firme y una salsa justa en el dulzor.

Su carta de vinos es acotada pero con una buena selección de etiquetas que dan para aventurarse, como el Chenin Blanc de Glup! o el Cabernet Franc de Gillmore. Ojo, que además ellos hacen su propio espumante, el Amaye, un Brut elaborado con método tradicional que sirve de buen compañero para las preparaciones marinas.
La cocina de Cote Amaye no sólo está sabrosa, si no que se hace necesaria gracias a sus platos sin pretensiones hechos con sabor, cariño y ganas. Hay que descubrir este restaurante, una joyita de raíces chilenas que logra confortar en la gran mayoría de sus platos, aunque tengan que cuidar un poco la nota agridulce de alguno de ellos.
Cote Amaye.
Miguel Claro 2025, Providencia.
@coteamaye
