
Este lugar, liderado por el francés Olivier Klughertz, más conocido como el tío, ofrece desde los clásicos hasta una interesante propuesta de autor que, a ratos, se cruza con diversos gin de producción propia.
Hace una década que el francés Olivier Klughertz llegó a Valparaíso. Hasta ahí, la historia puede ser otro lugar común, de esas que tienen como protagonistas a extranjeros que se enamoran del puerto y se quedan a vivir en la llamada Joya del Pacífico. Sin embargo, la novedad es que este delgado hombre, de tez blanca y cabello claro, se terminó haciendo conocido en el barrio.

Esto, porque es dueño del Bar del Tío, un nombre que el negocio se ganó por usanza más que alguna historia bien pensada y nació porque los hijos de su pareja decían “vamos al bar del tío” cuando se les preguntaba a dónde iban. Eso, en una época en la que Olivier pasaba mucho tiempo en el lugar, pues estuvo tres meses remodelando y armando su proyecto, el mismo que esa noche celebraba nueve años desde su apertura.
“La idea inicial era que fuese solo un bar de barrio, que te hiciera sentir como en casa. En ese momento creía que hacía falta algo así, porque en un bar es tan importante la calidad como el ambiente”, recordaba y analizaba este francés, con ese notorio acento foráneo mientras estaba parado en la calle Almirante Montt, a unos cuantos metros de la entrada del bar, ya que en la salida y en sus inmediaciones había gente celebrando, al tiempo que dentro la música en vivo, algo que se da de vez en cuando, lo inundaba todo y los comensales, tanto los que estaban en mesa como alrededor de la barra, atiborraban los diversos ambientes.

Pero que este espacio esté lleno y con ambiente encendido eso no es novedad y, para orgullo de Olivier, la gran mayoría de los visitantes, un 70%, son porteños, un hecho que viene a cumplir el sueño de este locatario que luce un gorro particular, diseño que ocupan todos los chicos que trabajan en su barra que se caracteriza por una nutrida y variada coctelería de autor, con unas 20 opciones, las que están divididas por perfiles para orientar mejor la experiencia.
En lo frutal está Punchito, una creación que ha estado desde el inicio, aunque ha ido sufriendo variaciones con el tiempo. La versión actual, de espíritu cálido y que aparece con una cuidada presentación, está hecha a base de ron añejado de 3 años guardado con maracuyá natural, ron dorado especial guardado con piñas asadas, zumo de piña, de naranja y de pomelo, y jengibre, que equilibra ese dulzor presente, pero no invasivo, que se complementa con un topping de frutos rojos y una rodaja de piña deshidratada.

En el mundo especiado está la cautivadora Comina, y su particular personalidad la gana gracias a un gin de comino, que es lo que le da el nombre, destilado en el bar, que se complementa con limón, syrup de eucaliptus, un poco de té azul, agua de pepino y manzana, una mezcla que te recuerda a notas de melón verde. Todo esto da como resultado un cocktail refrescante, con un dejo frutal y un final levemente dulce, que equilibra ese carácter bastante especiado.
Y es que justamente uno de los diferenciadores de este bar son los gin propios, una producción artesanal que ha dado vida, en los últimos dos años, a otras seis variedades, como el De la Casa, que se percibe rústico, herbal y con un dejo terroso, pues dentro de la mezcla hay boldo, cedrón y melisa, entre otros botánicos. También está el Gin del Puerto, con 42 grados, que está elaborado a base de pimienta sichuan, que hace un buen match con la bergamota que lo acompaña. En nariz es bien aromático, pues toma protagonismo su lado floral, que se percibe elegante, lo mismo en boca, donde su sedosidad envuelve dejando un dejo de mentol final.

A este se suma Jo, con 45°, que es a base de lavanda y ají verde, dos notas bien presentes tanto en su nariz como en boca. Al olerlo te hace evocar cierto dulzor, lo que se fusiona con el perfil cítrico que aporta la naranja. Un listado al que se suman marcas nacionales, entre ellos, Casablanca, Provincia y Carpintero Negro, más otros internacionales, como Hendrick’s y Gin Mare Capri.
Si de clásicos se trata, además de los diversos Gin Tonic, hay un especial de reversiones de Moscow Mule, con tres alternativas; de Spritz, con ocho, donde también están los clásicos; de Negronis, también con ocho versiones, que contemplan el Sblagliato, pero sin tomar en cuenta el tradicional, que es ejecutado como corresponde.

Para comer la carta es sencilla y cumple con el formato bar, pues hay hamburguesas, pizzas y varias alternativas de picoteo, entre ellas, tablas y preparaciones vegetarianas, más un postre, para así dar cabida a todos y que el Bar del Tío sea lo que siempre soñó, ser ese punto de encuentro cercano en armonía con la vida del barrio.
Bar del Tío
Almirante Montt 67, Valparaíso.
@bardeltio_
Si vas a Valparaíso y estás buscando dónde alojar una gran alternativa es el bello hotel boutique Ayca La Flora, un proyecto familiar en el que una antigua casona fue refaccionada por sus dueños, el matrimonio compuesto por Anne-Charlotte Schöllhorn y Alex Lagos, quienes se han preocupado de darle una personalidad única a cada una de las once habitaciones.
