
Con una carta basada en sólo dos productos y una puesta en escena sencilla, este asador de Lo Barnechea justifica sus casi tres décadas de éxito ininterrumpido gracias a una cocina honesta que ya lleva cautivando a más de una generación de devotos.
Hay espacios que, con pocas notas, logran construir una verdadera sinfonía de sabores. Los que lo logran, son pocos, y los que, además perduran en el tiempo, son aún menos. Por eso es notable el caso de El Mesón de la Patagonia, un restaurante con 27 años de vida ha pasado por dos locaciones, varias sociedades e incluso dos dueños.
Durante años, este espacio fue casi el único restaurante en Lo Barnechea que tenía una impronta más rural que urbana, y a pesar de estar alejado de los circuitos incipientes de principios de siglo, se fue convirtiendo en un secreto a voces cuya discreción lo hizo un preferido de la farándula de la época.

Ahora ocupa la locación donde antes estuvo el restaurante D.O., proyecto de corta vida que dejó las instalaciones listas para convertirse en la segunda casa de este lugar, una que se siente cómoda, con un amplio estacionamiento interior, una terraza algo calurosa, un comedor en altura donde la vista son los corderos asándose a fuego lento, y comedores interiores acogedores pero algo bulliciosos.
Su carta es acotada y ha variado poco. Tal como su nombre lo indica, este es un lugar que se especializa en productos y preparaciones del fin del mundo, principalmente apoyado en dos productos, la centolla y el cordero, los que gran parte de su vida fueron traídos directamente desde la zona austral, pero que ahora han diversificado su origen.

De las entradas, hay una que es casi obligatoria, la Centolla Fresca, 150 gramos de este delicado crustáceo (proveniente de los canales de Chiloé) que se siente liviana y sedosa en el paladar, casi como un murmullo que se pasea por la boca. Calidad superior que ni siquiera necesita la mayonesa casera que la acompaña.
Otro plato que merece la pena es el Jamón de Cordero, hecho en casa con pierna deshuesada, curada y ahumada que se presenta en finas láminas de esta proteína, cortadas del grosor justo, a medio camino entre un carpaccio y un arrollado que le da una acertada textura y encierra de buena manera un potente gusto a humo que de a poco va dando paso a un intenso gusto a cordero.

El plato más pedido y que ha estado en su carta desde los inicios es el Asado de los Arrieros; trozos de pierna y de costilla de cordero al palo cocinado por cuatro horas. El resultado es simple y sublime, dos pedazos que los amantes de esta sabrosa carne deberían aplaudir de pie, sabrosos, con enjundia, donde la pierna es dueña de una carne levemente firme, muy sabrosa, mientras que la costilla aporta un gusto potente y algo más impregnado a humo.

En el último plato de nuestra visita se mezclaron los dos grandes éxitos de El Mesón de la Patagonia, el Risotto Pampa y Estrecho, arroz arbóreo cocinado en caldo de locos, servido con pinzas de centolla y coronado por chuletitas de cordero a la parrilla.
Un plato goloso, con un arroz de intenso sabor marino que lamentablemente llegó pasadísimo de punto, cuya potencia se diluye al probar las sabrosas costillas que lo acompañan y que se roban protagonismo gracias a lo abundante de su carne y la dosis justa de grasa.

En el contexto del lugar y debido a la tradición de este espacio, se entiende que platos como éstos, donde pareciera que tiraron todo a la parrilla, sean de los éxitos indiscutidos, porque en resumidas cuentas acá tenemos dos fondos de gran calidad fusionamos en uno.
Las temperaturas veraniegas el día de nuestra visita nos animaron a acompañar nuestro almuerzo con una cerveza, pero en su carta de vinos, aunque dominada por una sola distribuidora, encontramos algunas joyitas como Antiyal, además de un par de vinos algo más arriesgados.

Notable su selección de Syrah, que si bien no es la cepa favorita de nuestro país, cada vez está dando mejores caldos. Además de ser el maridaje perfecto para el cordero.
Luego de visitar El Mesón de la Patagonia se entiende su continuo éxito. Acá la sofisticación no tiene cabida, pues es el producto el que domina sin contrapesos; y de buena manera.
Pese a algunos detalles, la visita a este lugar es totalmente recomendada, pues la simpleza que a algunos restaurantes liquida, acá les da fuerzas.
El Mesón de la Patagonia
Lo Barnechea 1223, Lo Barnechea.
@mesondelapatagonia
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