
Acaba de abrir sus puertas este restaurante que trae los sabores mediterráneos de occidente a Nueva Costanera, ese polo gastronómico que se ha transformado en el más competitivo de la capital.
Hay lugares que parecen estar destinados a un peregrinaje interminable de marcas, direcciones que a veces parecieran malditas, pero que sólo necesitan un concepto claro y una idea bien ejecutada para florecer dentro de un barrio.

Eso es lo que sucede con el número 3980 de Nueva Costanera, donde tuvo un brevísimo paso la versión santiaguina de Carne, la hamburguesería del reconocido chef argentino Mauro Colagreco, y que después mutó al restaurante de carnes estilo argentino Pampa, que ya tuvo dos locaciones anteriores en Providencia.
Ahora es el turno de Oia, restaurante cuyo nombre hace un guiño al balneario griego de Santorini y que además sirve como declaración de intenciones de su carta, la que se enfoca en la cocina mediterránea que mira a occidente. Todo esto en un espacio de excelente diseño, con una cocina a la vista y una terraza interior que promete encender las noches en cuanto el clima lo permita..

Desde el primer plato este restaurante deja en claro que sus intenciones van por una mirada personal; al menos así se siente en el aliño de su Tártaro de Atún, con un aderezo similar a sus primos cárnicos, donde domina el sabor levemente dulzón de la salsa inglesa. Un plato arriesgado e interesante con mucha personalidad y que tal vez habría funcionado mejor con un pescado con más sabor.
Seguimos con los Arancini, un clásico de la cocina italiana que pasó de ser un plato de reciclaje (elaborados con los restos del risotto) a convertirse en un snack de lujo. Acá llegaron cuatro bolas bien apanadas, con un arroz al azafrán relleno de queso mozzarella y con una notable salsa de bisquet de camarones, una sabrosa mezcla a la que sólo se le puede pedir más salsa.

Una de las curiosidades de su carta son las Mollejas, plato que parece fuera de contexto pero que se entiende al momento de llegar a la mesa. Cortes delgados, muy crocantes, acompañadas por trozos de limón asado y una acertada hoja de kale frita que aporta algo más de textura.
Mención aparte merecen sus Papas Fritas Trufadas, bastones en triple cocción, cremosos por dentro y muy crocantes por fuera, levemente aromatizados con aceite de trufa flambeado y coronado por un toque de queso parmesano recién rallado; un lujo simple y sabroso.

De sus fondos pedimos sus Melanzana Alma de Nápoles, dos filetes de berenjenas bien apanadas, con un relleno cremoso, y coronadas con un goloso queso y abundante salsa de tomate. Una excelente opción para los vegetarianos o para quienes gusten del sabor y la textura de esta particular verdura.
Seguimos con la Merluza Austral Luz de Marsella, filete de pescado de grillado perfecto, con una suave costra que envuelve una carne blanda y jugosa, que se desgaja al toque del tenedor. Viene montada sobre una abundante pasta orzo – un producto que comenzó a aparecer en varias cartas de Santiago – cocinada con abundante e intenso queso gorgonzola, donde domina con fuerza el sabor de este queso azul de origen italiano.

Más delicado resultaron sus Malfatti Rincón de Sicilia, esa versión bastarda de los ñoquis que acá se presentan en gran tamaño, con una suave mezcla de brócoli, espinaca y ricotta que le dan una textura sedosa y cuyo sabor se levanta gracias a la abundante salsa de hongos que lo acompaña. Además, viene servido en un particular recipiente hecho de pan, una curiosidad que no añade mayor sabor a uno de los platos más sabrosos de esta visita.
Terminamos con uno de los postres más recocidos de la gastronomía itálica por estos lares, el Tiramisú, que acá se siente balanceado, suave y con un dulzor moderado, más cercano a la versión europea.

Su carta de vinos apunta hacia viñas reconocidas pero que han ido desapareciendo de las cartas capitalinas como Morandé y su línea Vitis Única, Casa Bauzá con algunos de sus grandes éxitos y otras etiquetas menos reconocidas por el público como La Sirca o Marty, ojo además con los espumantes argentinos Imperial 202, marca exclusiva de este lugar.
Oia tiene los argumentos para quedarse, un espacio que al menos en su carta muestra una propuesta interesante que en un primer vistazo puede parecer ecléctica, pero que de a poco va tomando forma y sentido.
Oia
Nueva Costanera 3980, Vitacura.
@oiavitacura
